La enfermedad y el dolor han acompañado de siempre al hombre. El control del dolor ha sido un objetivo constante en la historia de la humanidad. A medida que avanzaba el conocimiento iban apareciendo un número creciente de procedimientos quirúrgicos para corregir un mayor número de padecimientos, pero el dolor que experimentaba el enfermo suponía una barrera muchas veces difícil de superar. Se llamó anestesia al conjunto de técnicas encaminadas al control del dolor en pacientes sometidos a cirugía. El término deriva del vocablo griego a aisthesis, definiéndose como la privación total o parcial de la sensibilidad producida por causas patológicas o provocada con finalidad médica. Las infecciones y el insoportable
dolor que tenían que padecer los pacientes tenía estancado el desarrollo de la cirugía.
Se puede decir, sin ninguna duda, que el descubrimiento de la anestesia quirúrgica
fue uno de los hallazgos más espectaculares y trascendentales en la historia de
la medicina en el siglo XIX, después de la famosa demostración de William
Morton, el 16 de Octubre de 1846, en el anfiteatro auditorio del Hospital General
de Massachusetts de Boston, compitiendo en importancia con las investigaciones
definitivas para controlar la infección desarrolladas por el biólogo francés
Louis Pasteur y el cirujano inglés Joseph Lister. La introducción de la
anestesia logró hacer avanzar espectacularmente la cirugía, y contribuyó
taxativamente a mejorar las expectativas de curación de muchas enfermedades y
la mejora del bienestar de la humanidad.











