lunes, 4 de mayo de 2026

La uroscopia en el arte

La uroscopia, aquella práctica milenaria de la medicina consistente en el estudio de las características físicas de la orina del paciente en busca de indicios de enfermedad, alcanzó tal relevancia como método de diagnóstico médico que acabó erigiéndose en el rasgo distintivo de la profesión médica durante muchos siglos y, en consecuencia, se convirtió en un atrayente motivo de representación en las distintas disciplinas de expresión artística como dibujos, ilustraciones, grabados, pinturas, bajorrelieves, tallados y esculturas a lo largo de la época medieval, renacentista y barroca, especialmente en la Europa Occidental, coincidiendo con los períodos históricos de la mayor vigencia en el uso de esta técnica. Las obras artísticas inspiradas en la uroscopia pretenden capturar ese momento singular que retrata al médico en el mismo instante que va a emitir un juicio clínico, mediante la observación de la orina, ante la presencia de un paciente expectante y de quienes son testigos presenciales de la escena.

La figura del médico observando el frasco con orina acabaría convirtiéndose en un símbolo genuino del arte médico. Las abundantes ilustraciones y dibujos sobre el tema que aparecen en distintos manuscritos y libros medievales darán paso a un mayor grado de sofisticación y estilismo artístico, en especial en la pintura neerlandesa y flamenca del siglo XVII, en donde se concentra el mayor número de pinturas realizadas con escenas de médicos practicando la uroscopia, una tradición artística pictórica que progresivamente acabó diluyéndose en el siglo XIX. Resulta llamativo que esta escena haya tenido un tratamiento artístico tan amplio en el mundo occidental ya que la orina, al igual que otros fluidos corporales, no parecía ser un objetivo de interés para el artista, al ser considerado como vulgar y, en cierto modo, repulsivo.


La uroscopia en el arte durante la Edad Media

En la Edad Media, la imagen del médico realizando la uroscopia fue representada por diversos medios artísticos como ilustraciones y grabados en manuscritos y libros iluminados, pero también en frescos, pinturas sobre tabla, vitrales, tallados, bajorrelieves y esculturas de piedra o madera en iglesias, catedrales y monasterios. La preponderancia de la escenificación del médico realizando la uroscopia contrasta con el menor protagonismo que daban los artistas a otros procedimientos médicos tan comunes en aquella época como la toma del pulso y especialmente la realización de la sangría.


Miniaturas e ilustraciones en manuscritos y libros

Los manuscritos y libros medievales que trataban sobre temas médicos con frecuencia incluían miniaturas e ilustraciones cromáticamente muy llamativas que tenían la función de adornar y cumplimentar los textos para atraer el interés del lector más bien que servir de ayuda para la comprensión de la lectura. Estas imágenes solían incluirse en los márgenes de las páginas o dentro de la primera letra agrandada al comienzo de cada capítulo. Esta forma de presentación se adoptó frecuentemente en los textos de autores medievales en Europa occidental y también se aplicó en las primeras traducciones latinas de tratados médicos griegos y árabes como el Corpus de Hipócrates, el Ars medica de Galeno o el Canon medicinae de Avicena. Estas ilustraciones requerían de una técnica depurada, pero solamente considerada por sus autores como una simple habilidad ya que todavía no existía el concepto de artista y, por supuesto, los ilustradores no eran conscientes de la verdadera función social de su labor. Por ello, el nombre de estos artistas no suele aparecer en los créditos de los textos medievales. Para la realización de estas miniaturas se solía utilizar solo agua y goma arábiga para mezclar los colores, los cuales debían ser los más selectos para conseguir la mayor calidad, como el oro y la plata laminados o pulverizados, el lapislázuli, el plomo blanco, la almagra de Levante, el albayalde de Venecia o el carmín de Florencia entre otros.

Las ilustraciones en los textos medievales sobre la práctica de la uroscopia, tanto de temática exclusivamente médica como de contenido más generalista, son incluidas muy frecuentemente debido a la relevancia que este método de diagnóstico tiene durante ese periodo histórico. La escenificación podía tener una composición variable, aunque se pueden destacar tres presentaciones distintas: En una primera, era común retratar sólo al médico dignamente ataviado inspeccionando la mátula con orina, junto a un libro que le servía de referencia para establecer el diagnóstico; en otra pose, el paciente o varios pacientes se situaban ante el médico con sus respectivas muestras de orina esperando su turno para la consulta; y en una tercera presentación, el médico experto aparecía enseñando a sus aprendices el modo en que debían de proceder para realizar la uroscopia. Otras variantes menos comunes mostraban al enfermo convaleciente en su lecho y a su lado la figura del médico sosteniendo en su mano el frasco con orina para observarla a contraluz con detenimiento. En otras ocasiones se incluía al ayudante del médico que podía escribir los diagnósticos efectuados por el galeno o la receta prescrita. Otras veces se incorporaba otro ayudante o un sirviente como portador del cesto transportador del recipiente de orina. La identidad del médico solía ser impersonal, aunque no era infrecuente que aparecieran retratadas autoridades médicas en la materia como Theophilus Protospatharius, Ioannis Actuarius, Avicena, Rhazes, Isaac Judaeus, Maimónides, Constantino el Africano, Gilles de Corbeil, Maurus Salernitanus, Nicolaus Myrepsos, Gentile de Foligno, Pietro d’Abano y otros. En ocasiones adoptaban ser representados beatos y figuras relevantes de la medicina clásica como Hipócrates o Galeno. En las ilustraciones de los primeros textos medievales, el médico aparecía sosteniendo con la mano la base de la redoma, pero más adelante se troca por la sujeción del matraz por su cuello y elevándolo a la altura de los ojos, la imagen que definitivamente acabaría convirtiéndose en la más emblemática de la profesión médica.

La primera ilustración conocida sobre la uroscopia aparece en el manuscrito Regulae urinarum de Maurus Salernitanus, escrito en el siglo XII. No obstante, la inclusión de imágenes sobre esta temática se producirá más frecuentemente a partir de la segunda mitad del siglo XIII. Como ejemplos de ilustraciones incluidas en manuscritos médicos se puede citar la aparecida en el Liber de simplicibus medicinae de Matthaeus Platearius, una especie de compilación de farmacopea y botánica escrita en el siglo XII, donde en una de las versiones aparece el propio médico Platearius realizando la uroscopia. Otros ejemplos provienen de la traducción latina por Gerardo de Cremona del Canon medicinae de Avicena, en una edición de 1283, en donde se muestra a un médico alzando con su mano la mátula en presencia del enfermo; y también en un texto de medicina de la Articella del año 1300, perteneciente a la colección de los Manuscritos Harley, donde aparece un médico observando un matraz con orina junto a dos estudiantes que reciben sus enseñanzas. Se debe destacar, asimismo, el incluido en la Miscellanea medica XVIII, de principios del siglo XIV; y en un manuscrito flamenco del siglo XV perteneciente a la Colección Hunteriana de la Universidad de Glasgow.

Los manuscritos de contenido generalista también podían incorporar miniaturas e ilustraciones de médicos practicando la uroscopia como ocurre en las Cántigas de Alfonso X el Sabio de 1280; en los llamados Libros de las horas, que tuvieron gran apogeo en Países Bajos y Francia, y que con frecuencia eran adornados con múltiples ilustraciones, sirviendo como ejemplo el Libro de las horas de Jeanne d’Evreux de Jean Pucelle, datado sobre 1325. Esta escena se incluye varias veces en las distintas ediciones del influyente libro De proprietatibus rerum de Bartholomaeus Anglicus, desde el siglo XIII al XV; también la vemos en el libro Epístola de Othea de Christine de Pisan de 1400; en las Croniques de France o de Saint-Denis, de finales del siglo XIV, donde aparece el duque de Normandía yacente enfermo en su cama y a su lado dos médicos interpretando la muestra de orina en la redoma; en la obra L’espill o El llibre de les dones de Jaume Roig, de mitad del siglo XV; o también la incluida en el libro La mer des histoires, de finales del siglo XV, mostrando a un médico enseñando la práctica de la uroscopia ante varios alumnos.

Además de las escenificaciones más habituales antes reseñadas, se reprodujeron otras menos frecuentes como aquellas en que el médico deja caer de sus manos la mátula con orina al suelo, siendo considerado como una señal de muy mal pronóstico ya que presagiaba la muerte inminente del paciente. Este signo tenía una gran relevancia ya que la excelencia médica se medía también por la capacidad de éste por indicar la muerte próxima, de modo que los familiares pudiesen cumplir con las preceptivas obligaciones religiosas y, también, para poner en marcha las necesarias disposiciones por el deceso. Como ejemplos de esta escena cabe citar la observada en una copia de un manuscrito del siglo XIII sobre escritos de Constantino el Africano o la incluida en la Miscellanea medica, MS. Ashmole 399, datada de finales del siglo XIII y depositada en la Bodleian Library de Oxford.

Por otra parte, el descrédito que la práctica de la uroscopia alcanzó al final de periodo medieval por el uso indebido y fraudulento en manos de curanderos y charlatanes dio paso a la representación caricaturesca de éstos, convirtiéndolos en diferentes animales para burla y escarnio de estos impostores. Sirvan como ejemplos las miniaturas de un médico centauro practicando la uroscopia y otra de un médico mono realizando el diagnóstico de embarazo en una mujer por inspección de su orina que aparecen en el Manuscrito francés MS. 95 del siglo XIII realizado en el taller de Thérouanne; también la miniatura del Manuscrito Add. MS. 49622 del siglo XIV depositada en The British Library, donde aparece una mujer esperando con preocupación el diagnóstico por uroscopia de un médico mono; la imagen proveniente del Libro de las horas Stowe MS. 17 del siglo XIV, también en The British Library, en la que un médico mono se representa aceptando el pago de la paciente por su servicio; la miniatura del Manuscrito francés MS. 298 del año 1316 depositado en el Fitzwilliam Museum de Cambridge, donde aparece un mono retratado como uroscopista; o la imagen del manuscrito de El Libro de las horas de la Virgen, realizado en Luxemburgo alrededor de 1430 a 1440, donde un médico caracterizado como un conejo examina la orina de sus dos pacientes que esperan ansiosamente su decisión.

Como ya ha sido comentado, en Europa occidental la escena de la consulta uroscópica estuvo muy abundantemente representada en la Edad Medieval desde el siglo XII en adelante. Por el contrario, en Bizancio fue muy escasa la presencia de imágenes sobre este tema. Como excepciones, se puede destacar una magnífica ilustración en el manuscrito bizantino Antidotarium o De compositione medicamentorum escrita en 1339 por el médico Nicolaus Myrepsos, donde se incluye en la portada la imagen del mismo Myrepsos, llevando un sombrero rojo de piel de liebre, que atiende a varios pacientes mientras realiza la uroscopia. Igualmente interesante es la ilustración incluida en un manuscrito del siglo XV, correspondiendo a una copia de la obra De urinis de Theophilus Protospatharius, en donde se muestra al médico bizantino, vestido con una larga túnica, recibiendo un frasco de orina de su asistente Possos. En los textos árabes medievales, asimismo esta escena va a tener muy escasa representación mientras que otros procedimientos médicos, como la sangría o la toma del pulso, tienen una mayor consideración. En el mundo islámico, la emisión de orina era considerada como un acto de impureza ritual, lo que podía justificar su rechazo a ser escenificada en imágenes. No obstante, ilustraciones de médicos musulmanes realizando la uroscopia son ocasionalmente incluidas en manuscritos de autores cristianos tal como sucede en el Liber ad honorem Augusti sive de rebus Siculis de Pierre d'Eboli, y en copias en hebreo, latín o persa de manuscritos de autores árabes, como el manuscrito Isagoge Johannitii en Tegni Galeni de Hunayn ibn Ishaq al-'Ibadi.


Bajorrelieves, tallados, esculturas y pinturas en edificios religiosos

Las ilustraciones de los manuscritos acogieron este motivo de forma continua hasta el final de la Edad Media, siendo sustituidas por la técnica del grabado en las primeras obras que salieron de las imprentas. Pero las imágenes de médicos realizando la uroscopia que nos han llegado desde el mundo occidental no se confinan entre las páginas de los manuscritos y libros, ya que el tema se extendió a diferentes soportes de las artes plásticas. Precisamente en la Edad Media, el mayor escenario para el esfuerzo artístico residía en la decoración de las catedrales, iglesias, conventos y hospitales, y las escenas de la práctica de uroscopia recibieron también la debida atención siendo representada en frescos, bajorrelieves y esculturas en piedra o en madera.

Las pinturas murales requerían de un mayor grado de especialización y de recursos físicos para su realización, siendo imprescindible un rudimentario conocimiento de la técnica del fresco que demandaba la preparación previa con estucado del soporte pétreo donde iba a plasmarse la pintura. Ya en el siglo XIII, en la cripta de la catedral de Anagni, por ejemplo, la famosa mátula embelleció la representación de Hipócrates entregando su enseñanza a Galeno, y también en Siena aparece reflejada la uroscopia en un fresco en el hospital de Santa Maria della Scala pintado alrededor de 1443. En pinturas de óleo sobre tabla se encuentra la representación de los santos patronos de la medicina, los hermanos gemelos San Damián y San Cosme, portando las insignias más habituales de la profesión médica, el frasco de orina y el tarro de botica, significando el diagnóstico y el tratamiento respectivamente. Entre las obras más destacadas de estos santos se encuentran la Madonna de los Medici de Rogier van der Weyden pintada entre 1460 y 1464; Los santos médicos Cosme, Damián y Pantaleón del Maestro de la Visión de San Juan de alrededor de 1455; y también San Damián de Bartolomé Bermejo de cerca de 1490.

Entre las obras realizadas en piedra destaca un bajorrelieve de Andrea Pisano, realizado entre 1334 y 1336, que fue situado en la cara sur del campanario de la catedral de Santa María del Fiore de Florencia, y que representa a un practicante que sostiene una mátula observándola a contraluz en presencia de varios pacientes. También se puede ver esta escena en bajorrelieves de las fachadas de la catedral Notre Dame de París y de la catedral Notre-Dame de Rouen en Francia, ambas de estilo gótico, que comenzaron su construcción en el siglo XII y XIII respectivamente. En el bajorrelieve de la catedral de Rouen se muestra al médico sentado en su atril examinando un frasco de orina. Otro ejemplo destacable lo constituye el bajorrelieve de un médico practicando una uroscopia, realizado en el siglo XIV, que está esculpido en el capitel del claustro gótico del Real Monasterio de Santa María de Santes Creus en Tarragona.

Entre los tallados sobre madera representado esta escena llama la atención la misericordia existente en la iglesia inglesa de St. Mary Bury St. Edmunds de Suffolk del siglo XV, en donde aparece un médico situado de tal forma que parece vaciar la orina del matraz. Caben destacar también las tallas sobre madera en el lateral de la sillería del coro de la catedral de León realizada en la segunda mitad del siglo XV. No es infrecuente que también se tallen misericordias sobre la uroscopia en la sillería de las iglesias de forma satírica, adaptando el médico la forma de un mono como símbolo de vanidad y estupidez, como observamos en las misericordias de las iglesias inglesas de Holy Trinity de Stratford-upon-Avon del siglo XIV, St. Andrew’s Church de Norwich o Great Malvern Priory de Malvern del siglo XV.

La escena de la uroscopia también se representa en vidrieras de iglesias y catedrales como la de Chartres, una de las catedrales más emblemáticas de Europa, construida entre 1194 y 1220, en donde, entre muchos de los vitrales que adornan esta edificación, se encuentra uno que retrata al emperador romano Constantino yaciendo enfermo ante la presencia de un médico que inspecciona el matraz de orina frente a la mirada atenta del soberano. También, en la vidriera número 25 de la catedral de York, datada de principios del siglo XIV, aparece la figura caricaturesca de un médico mono examinando orina.


Médico con pacientes examinando una muestra de orina (entre 1334 y 1346). Bajorrelieve en mármol de Andrea Pisano. Catedral Santa María del Fiore, Florencia (Italia)

Este bajorrelieve de mármol en marco hexagonal fue realizado por Andrea Pisano, siguiendo un dibujo anterior de Giotto en relación a las representaciones alegóricas de las siete artes liberales, con el objetivo de decorar el campanario de la catedral Santa María del Fiore de Florencia. La escena transcurre en el interior de un consultorio donde se alinean dos estantes con frascos y jarras que contienen fármacos. A la derecha, el famoso médico florentino Taddeo Alderotti sentado en su butaca da audiencia a unos pacientes, algunos de los cuales portan el cesto de mimbre para transportar el recipiente con orina, mientras está procediendo a realizar una uroscopia.


Médico sentado ante su atril examinando un frasco de orina (siglo XIII). Panel esculpido en piedra. Catedral de Notre-Dame, Rouen (Francia)

Este panel está esculpido en la fachada de la catedral Notre-Dame de Rouen, que comenzó a ser construida en 1202 al estilo gótico sobre la antigua catedral románica. Se representa a un médico sentado en su butaca que eleva un frasco de orina con su mano izquierda a la altura de sus ojos para su examen. En frente, sobre un atril con peana se observa un libro abierto utilizado para la ayuda al diagnóstico.


Médico examinando orina (segunda mitad del siglo XV). Misericordia en talla de madera. Catedral de León (España)

Esta talla está situada en un lateral de la sillería del coro de la catedral de León. Esta sillería está considerada como una de las obras de ebanistería más antiguas de su género conservadas en España. Su diseño se atribuye al maestro Enrique, carpintero de la catedral, siguiendo el estilo de las catedrales de Palencia y Segovia, aunque su ejecución fue iniciada por el maestro Jusquín, al que sucederían Juan de Malinas y Copín de Holanda. En la talla se contempla como un médico ricamente vestido examina una redoma de orina dirigiéndola hacia un punto de luz.


Médico mono examinado un frasco de orina (siglo XV). Misericordia en talla de madera. St. Andrew’s Church, Norwich (Reino Unido)

Esta figura del Doctor Mono se encuentra tallada en una de las misericordias de las sillerías del coro de la Iglesia de San Andrés de Norwich. Desde la época medieval, el uso de la uroscopia fue sometida a duras críticas para aquellos practicantes sin formación académica que solo pretendían embaucar a los confiados enfermos para solamente obtener un beneficio económico. En la talla aparece un mono sentado en una silla examinando un frasco de orina, lo que sin duda representa una caricatura mordaz hacia los charlatanes sin escrúpulos.


Médico con sus pacientes (detalle). Iluminación del manuscrito en francés De proprietatibus rerum (Ms Fr 251, Fol. 44r) de Bartholomaeus Anglicus (edición de 1415). The Fitzwilliam Museum, Cambridge (Reino Unido)

Esta edición del libro De proprietatibus rerum, iluminada por el Maestro de las Horas de Mazaria, se encuentra entre las más elaboradas y espléndidamente ilustradas. Esta obra fue una especie de enciclopedia medieval compuesta de diecinueve libros escrita originalmente en latín por Bartholomaeus Anglicus en 1240. La presente iluminación forma parte del Libro IV y muestra a un médico en su consulta vestido con una elegante túnica que inspecciona un frasco con la orina del paciente sentado en el suelo con un abdomen prominente, presumiblemente debido a ascitis. Detrás de este paciente se sitúan otros cuatro con dolencias diversas, en el tórax, miembro inferior izquierdo, mano derecha y cabeza y antebrazo derecho, algunos de los cuales son portadores de muletas.


Médico examinando la orina del paciente preparado para morir. Ilustración del Libro de las horas (Ms M.917/945, p. 180-Fol. 97r) de Catherine de Clèves (c. 1440). The Morgan Library and Museum, Nueva York (EE. UU.)

El Libro de las horas de Catherine de Clèves fue dedicado para la duquesa de Güeldres. En esta iluminación aparece un enfermo moribundo yaciendo en la cama mientras su esposa, acompañada de otra mujer, le pone una vela en la mano. Más atrás, un médico sostiene con su mano izquierda un frasco con orina del paciente que mira al trasluz. Al otro lado de la cama, un clérigo sentado frente a una mesa está administrando la extremaunción y, junto a él, una beata está rezando por su alma. A los pies de la cama, los dos posibles herederos contemplan lo que acontece de forma contenida. Con esta escenificación, el ilustrador pretende incluir todo lo que en aquella época se preconizaba como el arte del “buen morir”, en donde la religiosidad y la calidez humana de los más cercanos era lo más predominante.


Paciente muy afligido visitado por el médico que examina su orina. Iluminación del manuscrito De proprietatibus rerum (Ms. Fr. 135, Fol. 223r) de Bartholomaeus Anglicus (edición del siglo XV). Bibliothèque Nationale de France, Paris (Francia)

En esta iluminación se observa un paciente de buena posición social que está postrado en su cama desnudo y con un turbante. El médico, muy elegantemente vestido, ha acudido a su casa para asistirle. En su mano izquierda sostiene por su base una mátula con la orina del paciente para someterla a su examen haciendo un señalamiento con el dedo índice de su mano derecha en solemne ademán que completa elevando su mirada hacia arriba, sin duda buscando la ayuda divina para la curación del paciente.


Enseñanza de la uroscopia. Iluminación del manuscrito La mer des histoires vol. 2 (Fol. 26v), de entre 1488 y 1489. Bibliothèque Nationale de France, Paris (Francia)

La enseñanza del arte de la uroscopia se convirtió en un objetivo primordial durante la época medieval, especialmente después de la creación de las escuelas de Bizancio, Salerno, Bolonia, Montpellier, Padua y París. En esta iluminación de gran belleza, que está incluida en el segundo volumen del manuscrito La mer des histoires, se puede observar como un médico está impartiendo docencia sobre la uroscopia a un grupo de cinco estudiantes que permanecen muy atentos a sus explicaciones.


El examen de orina y curación de heridas. Iluminación del manuscrito en francés De proprietatibus rerum (Ms Fr 22531, Fol. 115) de Bartholomaeus Anglicus (edición entre 1410 y 1415). Bibliothèque Nationale de France, París (Francia)

En esta iluminación se representa un consultorio médico con dos tipos de escenarios distintos. A la izquierda, un médico recoge la redoma con orina que le entrega el paciente para proceder a su examen. A la derecha, un cirujano está realizando la cura de una herida en la cabeza de otro paciente que permanece sentado y compungido. Al lado, otros dos enfermos están esperando su turno para que el cirujano les trata las heridas que presentan en la cara y el abdomen respectivamente.


Pacientes esperando para ser atendidos por los médicos. Ilustración de un manuscrito francés del siglo XV (editado en Brujas, cerca de 1482). Science Source

En la ilustración puede observarse el interior de una consulta de medicina en donde un médico está realizando una sangría a un paciente mientras que otro médico esta inspeccionando la orina contenida en una mátula que le ha traído un enfermo que se ayuda de un bastón. En el exterior, otros dos pacientes están aguardando para ser atendidos cerca de la puerta de entrada presentando distintas lesiones en los miembros inferiores que les obligan a tener que usar muletas.


Doctor examinado la orina. Iluminación del manuscrito en francés De proprietatibus rerum (Ms Fr 9140, Fol. 120v) de Bartholomaeus Anglicus (edición de 1480 impresa por Nikolaus Philippi en Lyon, Francia). Bibliothèque Nationale de France, Paris (Francia)

Un paciente de holgada posición social yace en su cama llevándose las manos a la cabeza en señal de malestar. Recibe la visita de un médico que situándose a un lado de la cama sostiene con ambas manos un frasco de orina para proceder a su examen. Llama la atención como el médico sitúa la mátula indebidamente en dirección a la luz que entra por la ventana, lo que impide una observación con más detalle. Al otro lado de la cama, un hombre y una mujer, posiblemente familiares del enfermo, están pendientes de sus necesidades.


Juan, duque de Normandía, enfermo y médicos examinando su orina. Miniatura en el manuscrito Croniques de France o de Saint-Denis (Royal 20 C.VII, Fol 78v) por el Maestro Virgilio (entre 1380 y 1400). The British Library, Londres (Reino Unido)

Esta miniatura representa a Juan, el duque de Normandía, postrado enfermo en su cama que recibe la visita de tres médicos que están discutiendo las características observadas en la orina contenida en la redoma. Se ha especulado que el duque padeciera la enfermedad del “sudor inglés”, una enigmática y extremadamente grave enfermedad que asoló Inglaterra entre los siglos XV y XVI para desaparecer tan misteriosamente como había llegado. De fácil transmisión produciendo epidemias, su síntoma más característico era una intensa sudoración. No se llegó a determinar el agente causal sospechando que pudiera ser de origen bacteriano o incluso vírico.


Médico con frasco de orina. Iluminación del manuscrito en francés De proprietatibus rerum (Ms Fr 22, Fol. 534) por Bartholomaeus Anglicus (edición del siglo XV). Bibliothèque Nationale de France, Paris (Francia)

Un médico permanece de pie observando la mátula con orina de uno de los cuatro pacientes que aguardan su diagnóstico en el interior del consultorio. En los enfermos de primer plano se aprecian lesiones traumatológicas; uno con un vendaje en su miembro superior derecho que precisa de un cabestrillo para su inmovilización, y el otro con venda en su miembro inferior derecho por una lesión que le provoca una importante incapacidad funcional al punto de precisar la ayuda de dos muletas.


Medico sosteniendo un frasco con la orina de su paciente. Iluminación de un manuscrito de Nápoles (D.I.14, Fol. 1), escrito en 1466, que contiene una traducción al latín de la obra del médico árabe Rhazes. Biblioteca Nazionale, Turín (Italia)

Un médico ricamente engalanado con una túnica y un bonete de color rojo examina un frasco con la orina que le ha traído el paciente transportándolo en el cestillo de mimbre que sostiene en su mano derecha. La expresión ceremoniosa y de concentración del médico contrasta con el gesto cabizbajo y de preocupación que muestra el paciente ante un posible diagnóstico adverso.


Médico inspecciona un frasco de orina y una mujer es atendida en una botica. Iluminación del manuscrito en francés De proprietatibus rerum (Ms Fr 218, Fol. 111r) de Bartholomaeus Anglicus, traducido del latín por Jean Corbichon (c. 1485). Bibliothèque Nationale de France, Paris (Francia)

En esta edición del libro De proprietatibus rerum, traducida al francés por Jean Corbechon y publicado en Poitiers en el último cuarto del siglo XV, en el Capítulo II del Libro VII se incluye una bella iluminación que contiene dos escenarios distintos. A la izquierda, en la alcoba yace encamado un paciente con aspecto afligido que es atendido por un médico que ya ha emitido un diagnóstico por uroscopia e indica el remedio dirigiendo su dedo índice de la mano derecha hacia la botica para su dispensación. A la derecha, un farmacéutico está elaborando el medicamento ayudándose de una balanza mientras que una mujer, posible esposa del paciente, espera para recogerlo. En la farmacia pueden observarse varios tarros y jarrones en las estanterías del fondo y, también, en la mesa de trabajo unos cajones, conteniendo distintos componentes medicinales, han sido abiertos.


Un médico realizando una uroscopia. Ilustración en el manuscrito L’espill o El llibre de les dones (Ms Vat Lat 4806, Fol. 6) de Jaume Roig (c. 1460). Biblioteca Apostolica Vaticana, Ciudad del Vaticano

El libro L´espill o El llibre de les Dones fue escrito por el médico valenciano Jaume Roig. Esta obra consta de 16359 versos pareados de cuatro sílabas. El contenido del libro es fuertemente crítico frente a varios contextos de la vida social medieval, y especialmente contra las mujeres. En la ilustración aparecen múltiples figurantes en el interior de la cámara de un enfermo adinerado que yace en su cama asistido por varios clérigos y un conjunto de mujeres pertenecientes a su familia y servidumbre. A la derecha, un médico con una túnica azul esta inspeccionando la orina del enfermo contenida en la redoma. En el texto que acompaña la ilustración se hace una crítica hacia la actitud deshonesta del médico que emite diagnósticos interesados para proponer costosos tratamientos.


Rogier van der Weyden. La Madonna de los Medici (entre 1460 y 1464). Óleo sobre tabla de 53x38 cm. Städelsches Kunstinstitut, Fráncfort (Alemania)

Esta obra fue un encargo de la familia Médici al pintor flamenco Rogier van der Weyden, como atestigua el escudo de armas florentino con un lirio rojo en el centro en la parte inferior. Ante un fondo dorado se sitúa a modo de baldaquino una tienda de tela blanca forrada en delicado damasco, abierta y sostenida por un ángel a cada lado. Sobre una poliédrica escalera aparece en el centro la Virgen María amamantando al Niño Jesús. Se acompaña a la izquierda de San Pedro y San Juan Bautista, patrón de la ciudad de Florencia, y a la derecha de los hermanos Cosme y Damián, santos protectores de la Casa Médici. San Cosme porta un instrumento quirúrgico en su mano derecha y en la izquierda pone una moneda en la bolsa que cuelga de su cinturón, en referencia a su aceptación de un pago por atención médica que causó el enojo de su hermano. San Damián porta en su mano derecha una mátula, la insignia de la profesión médica. En la parte inferior de la pintura hay un ánfora metálica dorada que contiene lirios blancos simbolizando la pureza de la Virgen.


Bartolomé Bermejo (1440-1495). San Damián (c. 1490). Óleo sobre tabla de 165,2x77 cm. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa (Portugal)

Esta tabla del pintor cordobés Bartolomé Bermejo, que probablemente formó parte de un retablo, representa de San Damián con la cabeza nimbada vestido con un elegante traje con brocado de oro y un manto bordado con motivos geométricos. Con su mano derecha sostiene un frasco de configuración cilíndrica que contiene orina y que sitúa a la altura de sus ojos para someterla a examen. El fondo de la pintura es dorado con motivos de adorno de grabados.


Maestro de la Visión de San Juan. Los santos médicos Cosme, Damián y Pantaleón (c. 1455). Óleo sobre tabla de 130,5x72,2 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España)

El Maestro de la Visión de San Juan fue un artista que aúna la influencia de los pintores neerlandeses con los de la escuela de Colonia y que se refleja en la dureza de sus figuras y en los vivos colores. En esta obra se representa a los médicos y santos mártires Cosme, Damián y Pantaleón nimbados y colocados en semicírculo sobre un fondo de oro. El artista utiliza una amplia y rica gama cromática en las vestimentas de los personajes. San Cosme, a la izquierda, y Pantaleón, a la derecha, portan sendos botes de metal para guardar medicamentos, en los cuales se ha llevado a cabo un interesante estudio de los reflejos lumínicos. San Damián, en el centro, sostiene un libro abierto con su mano izquierda y con la derecha porta una cestilla de mimbre cilíndrica usada para el transporte de la redoma de orina. Estos tres mártires, patrones de la profesión medica, tuvieron algún tipo de vinculación a la ciudad de Colonia.


La uroscopia en el arte durante el Renacimiento

Con el Renacimiento, los nuevos enfoques de objetividad científica en el ámbito de la medicina continuaron siendo motivo de inspiración para los artistas en Europa. La escena del médico sosteniendo un frasco de orina en la mano seguía siendo su principal forma de representación. No obstante, cuando los médicos empezaron a tener control sobre la forma en que querían ser presentados no solían elegir mostrándose con la mátula, sino que preferían ser retratados simplemente en su consultorio rodeados de libros. Por tanto, aunque la redoma seguiría siendo el atributo popular del médico durante los siglos XVI y XVII, sería muy engañoso considerarlo como un verdadero símbolo de estatus profesional.


Ilustraciones y grabados en manuscritos y libros

Con la introducción de la imprenta, durante el Renacimiento comienzan a editarse con profusión libros de todo tipo de contenidos. En los tratados médicos de carácter generalista solían reservarse destacados capítulos informando sobre la validez y uso de la uroscopia, la técnica de diagnóstico médico aún predominante durante este periodo histórico, donde eran incluidas bellas ilustraciones de médicos realizando esta práctica, como también las gráficas de las llamadas ruedas de orina que servían para orientar al médico en el diagnóstico, algunas de las cuales tenían un verdadero valor artístico como aquella que aparece en el tratado médico Epiphanie medicorum de 1506 escrita por el médico y editor alemán Ulrich Pinder, en donde se muestra en la parte central a un médico sentado con una larga túnica que examina la orina ante el enfermo y en la periferia se detallan veinte frascos con orina de diferentes colores y sus correspondientes significados. En este mismo tratado se incluye también una ilustración que muestra a un médico que examina el matraz de orina a contraluz mientras el paciente yace postrado en la cama. 

Otro libro médico de gran relevancia en este periodo fue el Fasciculus medicinae de Johannes de Ketham, publicado en Venecia en 1491, considerado el primer libro médico impreso y que incluía un buen número de ilustraciones. En sus páginas iniciales se reproduce un grabado donde unos pacientes llevan la orina al médico para su examen ante la presencia de varios estudiantes. En posteriores ediciones aparece la imagen de dos médicos sentados debatiendo sobre una muestra de orina y en otra muestra al profesor Petrus de Montagnana impartiendo enseñanzas sobre la uroscopia desde un estrado. En otro texto médico, el Hortus sanitatis: Tractatus de urinis de Johannes de Cuba, editado por Jacob von Meydenbach en Mainz en 1491, aparece una ilustración con varios médicos examinando la orina y comparándola con una serie de matraces como referencia. En otras ediciones de este libro se incluyen nuevas imágenes de médicos practicando la uroscopia ante los pacientes. Otro de los libros médicos más emblemáticos y difundidos a principios del Renacimiento fue el Liber chronicarum mundo, impreso en Nuremberg en 1493, que incluía gran cantidad de xilografías del taller de Michel Wolgemut, algunas de las cuales representaban a médicos legendarios realizando la uroscopia, como Avicena, Isaac Judaeus, Gentile da Foligno, Isaac Benimiram, Antonius Cermifanus o Jacobus de Forlinio. En el libro Tractatus de urinarum judiciis perutilis de 1487 aparece la imagen del médico Bartholomaeus de Montagnana practicando una uroscopia en su consultoría sentado ante una mesa con un libro abierto.

El médico y cartógrafo Lorenz Fries, en su obra Spiegel der artzney, editada por primera vez en 1518, ilustró sus textos con la técnica del grabado en madera, uno de los cuales incluye a un médico solitario realizando la uroscopia; en una edición posterior de 1530 aparece el grabado de un médico inspeccionando la orina ante la presencia del paciente que lleva el típico cestillo de mimbre para portar la redoma. Otra xilografía sobre este tema está contenida en el Janua logicae et physicae del médico francés Symphorien Champier, publicado en Lyon en 1496, que muestra a un médico realizando la uroscopia al lado de un paciente encamado con un aspecto demacrado y moribundo. Siguiendo esta misma línea, en el manuscrito Liber de arte distillandi de simplicibus de 1500, atribuido al cirujano alemán Hieronymus Brunschwig, en una de sus páginas incluye el grabado de un médico vestido con ropas elegantes que sostiene el frasco de orina al tiempo que dirige su mirada a la paciente que permanece expectante. Otros grabados en madera a destacar están contenidos en el libro A malafranczos morbo gallo preseruatio ac cura de Bartholomeaus Steber, editada en Viena entre 1497 y 1498, mostrando a un médico examinando orina de una paciente afectada de sífilis; también en el libro Der weyber natürliche heymlichaiten de Albertus Margnus, publicado en Augsburgo en 1531, donde se retrata a un médico examinando la orina mientras otro sentado sigue las referencias en un libro; en otro grabado de cerca de 1480 del artista holandés Erhard Reuwich aparece un médico sosteniendo la redoma ante la presencia de la paciente; y en el libro Ars moriendi ex varijs sententijs collecta cum figuris, impreso por Johann Weissenburger en Nuremberg en 1509, se incluyen varios figurantes alrededor de la cama de un paciente escuálido mientras el médico inspecciona su orina contenida en un frasco.

Los santos médicos y mártires, los hermanos gemelos San Cosme y San Damián, desde que son convertidos en patronos cristianos de la medicina a principios del siglo XV pasan a ser objeto frecuente de representación artística. Como ejemplos se puede destacar una ilustración en el Breviario de Isabel la Católica de finales del siglo XV, una miniatura del pintor Gerard Horenbout de 1490, una xilografía de 1503 del grabador alemán Israhel van Meckenem, y un grabado de Johann Ulrich Wechtlin para el libro Feldbuch der wundarzney del cirujano alemán Hans von Gersdorff publicado en Estrasburgo en 1517. De gran calidad y belleza cromática es la ilustración de los hermanos santos incluida en el libro Grandes horas de Ana de Bretaña, obra del artista Jean Bourdichon creada entre 1503 y 1508. Por otra parte, un tema artístico representado en este periodo es la figura de Dios en el papel de un médico como Gran Sanador, con frecuencia portando un frasco de orina. Sobre esta temática es notable el grabado El médico considerado como Dios de la serie Alegorías de la profesión médica de Hendrick Goltzius, y también cabe destacar el grabado El médico como Dios en una de las versiones de Johann Gelle sobre la serie Las cuatro formas del médico. En ambos grabados se representa a Dios sosteniendo la mátula en su mano, un símbolo incuestionable de su recreación como médico.

La terrible mortalidad de la peste negra, así como las guerras y otras epidemias que azotaron a Europa en aquellas épocas, condujo a una preocupación generalizada por el tema de la muerte tanto entre la aristocracia como en el vulgo, pues nadie quedaba librado de tal amenaza. Este temor parece haber sido la fuente de inspiración para el tema de la Danza de la muerte o Danse macabre, una forma de arte mórbida muy popular representada por muchos artistas, que suele mostrar la muerte en forma de un esqueleto grotesco o un cadáver en descomposición que se lleva a sus víctimas conmocionadas. El médico con su redoma aparece no pocas veces retratado en estas escenas macabras mostrándose impotente mientras está inspeccionando la orina frente a la presencia desafiante de la muerte. Entre muchos ejemplos se pueden reseñar el fresco La Danza de la muerte de Lübeck de 1463 que, pese a ser destruido, sobrevivió en grabados y estampas; también una xilografía de 1490 titulada El médico, la muerte y el amante, impresa por Guyot Marchand; o la ilustración Danza de la muerte de Niklaus Manuel, de principios del siglo XVI, que muestra a dos esqueletos burlones, uno de ellos golpea la mátula que sostiene el médico derramándose la orina que contiene. La serie Totentanz de Hans Holbein el Joven, datada en 1538, es de las más conocidas sobre esta temática, donde se incluye una xilografía titulada El médico y la muerte que muestra a un anciano llegando al consultorio del médico llevado de la mano por la propia muerte, quien a su vez porta en su otra mano la redoma con la orina del paciente. Versiones anteriores del tema, como la Danse macabre del grabador alemán Jacob Meydenbach de finales del siglo XV, parecen enfatizar el horror de la muerte y la corrupción de forma aún más perturbadora.

Durante el Renacimiento, las críticas negativas hacia la uroscopia aumentaron no solamente por la abundancia de charlatanes que entonces la practicaban sino porque también comenzó a ponerse en duda su verdadero potencial diagnóstico. Varios artistas se ocupan de hacer visible esta situación caricaturizando a los médicos uroscopistas. Como ejemplo, Pieter Brueghel el Viejo realizó un dibujo satírico de un médico y su perro descubriendo un humunculus fantasioso en una mátula. También en la xilografía de Albrecht Dürer, del siglo XVI, el pintor alemán pretende burlarse de los médicos que la practican. A pesar de estas críticas, la uroscopia siguió teniendo vigencia durante este periodo por su demanda popular y por los pingües beneficios económicos que reportaba a sus practicantes, lo que animó a autores satíricos, como Thomas Murner, a atacar tanto al médico por su codicia e inutilidad como al paciente por su necedad, haciéndolo representar en forma de un animal en una ilustración de 1512.


Bajorrelieves, tallados, esculturas y pinturas en edificios religiosos

En este periodo histórico, la escena de la uroscopia también tuvo representación en otros medios de expresión artística. Las pinturas al óleo sobre tabla de los santos San Cosme y San Damián portando la mátula más destables son las realizadas por Hans Süss von Kulmbach en 1507, la atribuida al Maestro de Alcañiz de cerca de 1520, la del taller de Adriaen Isenbrandt de 1525 y la del pintor español Hernando de Ávila de 1582. También merece ser destacada la pintura en forma redondeada de un autor desconocido y datada en 1549, en donde aparece un curandero observando una redoma con orina junto a una paciente añosa que sostiene la cesta de mimbre transportadora del frasco.

Los santos patronos de la medicina portando la redoma también son representados en unas esculturas de piedra del siglo XVI situadas en el paramento de la puerta principal del Hospital de San Roque de Santiago de Compostela. Asimismo, aparecen esculpidos en una talla de madera que forma parte del retablo de la iglesia del Salvador de Sangüesa en Navarra, obra del artista Miguel Jiménez a finales del siglo XV, y en otro relieve de madera policromado atribuida al escultor español Isidro de Villoldo datado de 1547. De especial acabado estético son las estatuas policromadas de los hermanos mártires que lucen en el altar de la iglesia de San Pedro de Teruel, autoría del taller de Gabriel Joly en el año 1537. Otro tallado de madera destacable se encuentra en la misericordia de un asiento de la sillería del coro de la catedral de Sevilla, datado entre 1518 y 1523, que representa a un médico sosteniendo la redoma para su examen.

En la ciudad toscana de Pistoia existe un friso de terracota vidriada en la fachada del Ospedale del Ceppo realizado en el taller de Giovanni della Robbia entre el año 1525 y 1528, que representa a un médico inspeccionando un frasco con la orina del paciente que yace en una cama mientras otro médico le está tomando el pulso. Por otra parte, en la sillería de la catedral de Ávila se encuentra un tallado sobre la madera, realizada a principios del siglo XVI, que muestra a un médico observando el frasco con orina a contraluz.


Cuidado de los enfermos (detalle). Friso de terracota vidriada del taller de Giovanni della Robbia (entre 1525 y 1528). Ospedale del Ceppo, Pistoia (Italia)

Este friso forma parte de un conjunto dedicado a Las siete obras de misericordia que fue realizado en el taller de Giovanni di Andrea della Robbia para decorar la fachada exterior del Ospedale del Ceppo en la ciudad de Pistoia. En esta parte del friso se observa como un médico está concentrado tomando el pulso de un paciente anciano que yace en cama y cuyas facciones demacradas y boca entreabierta sugieren sufrimiento. Al pie de la cama, otro médico sostiene con su mano derecha un frasco con la orina del paciente para someterla a su examen.


San Damián y San Cosme (finales del siglo XVI). Esculturas de piedra. Antiguo Hospital de San Roque de Santiago de Compostela (España)

El antiguo Hospital de San Roque de Santiago de Compostela fue inaugurado en 1578 y destinado a acoger a los afectados por las terribles epidemias de peste que asolaron la ciudad en el siglo XVI, y de ahí su dedicatoria a uno de los santos protectores más invocados contra esta enfermedad. El diseño del edificio fue encargado a Gaspar de Arce, uno de los maestros constructores de la Catedral de Santiago. En la parte superior de la entrada principal se ubica un frontón triangular sobre pilastras delgadas que enmarcan dos hornacinas con las figuras de los santos Cosme y Damián que respectivamente portan una mátula y un tarro farmacéutico siguiendo la tradición.


San Cosme y San Damián (1537). Estatuas en madera policromada del taller de Gabriel Joly. Iglesia de San Pedro de Teruel (España)

Estas estatuas de los santos Cosme y Damián, de casi un metro de altura, están situadas en el retablo de la Capilla de Los Amantes de la Iglesia de San Pedro de Teruel. Este retablo fue realizado en el taller del escultor francés Gabriel Joly alrededor de 1537 y, más concretamente, ha sido atribuido a Juan Pérez alias "Vizcaíno", uno de sus más estrechos colaboradores. Las figuras están talladas en madera y destacan por el detalle y la expresividad. San Damián es portador de la redoma y lleva una larga túnica bajo el manto. Su hermano gemelo, San Cosme, está tocado también con un bonete y viste una túnica más corta, apreciándose una especie de carpeta abierta por delante y dejando ver una bolsita colgada del cinto para portar los instrumentos quirúrgicos.


Milagro de San Cosme y San Damián (c. 1547). Talla de madera policromada atribuida a Isidro de Villoldo. Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid (España)

Esta talla atribuida a Isidro de Villoldo formó parte de un retablo de la capilla funeraria del doctor Francisco Arias en el convento de San Francisco de Valladolid. Está considerada una obra maestra de la escultura renacentista hispana y pretende dejar constancia de un supuesto hecho sobrenatural recogido en La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, por la cual los hermanos santos realizan el milagroso trasplante de la pierna de un etíope recién fallecido a un sacristán blanco. La escena aparece ambientada en una alcoba donde el sacristán reposa en una cama con dosel, mientras uno de los hermanos le toma el pulso y sujeta la mátula para el examen de orina, el otro procede a injertar la pierna del donante usando el material quirúrgico depositado a pie de cama.


Médico examinando un frasco de orina (siglo XVI). Misericordia en talla de madera. Catedral de Sevilla (España)

Esta misericordia en talla de madera se encuentra ubicada en un asiento del coro de la catedral de Sevilla, formando parte de un amplio repertorio alegórico de temas profanos, costumbres y vicios de la época representados por figuras grotescas. La sillería de este coro ha sido atribuida a Nufro Sánchez, pero también contó con la participación de otros tallistas como el flamenco Pedro Dancart y su discípulo Juan Alemán, finalizando los trabajos hacia 1511. En esta talla se observa a un médico realizando una uroscopia con la indumentaria propia de los galenos de su época.


Autor desconocido. Curandero examinando un frasco de orina (1549). Óleo sobre madera de 24,5cm de diámetro. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

En este óleo sobre madera con forma redondeada, de autor anónimo, se observa a la izquierda un orondo curandero vistiendo una túnica roja y portando unos quevedos, el cual sostiene con su mano izquierda un frasco de orina para su inspección. A la derecha, una paciente senil, con pañoleta de color claro en la cabeza, está aguardando el diagnóstico al tiempo que con su mano derecha agarra una cesta de mimbre para transportar el recipiente de orina.


Hans Süss von Kulmbach. San Cosme y San Damián (entre 1507 y 1508). Óleo sobre madera de abeto de 197,4x55 cm. Germanisches Nationalmuseum, Núremberg (Alemania)

Hans von Kulmbach fue un artista alemán que comenzó su formación en Núremberg con el pintor Jacopo de Barbari, para seguir después en el estudio del maestro Albrecht Dürer, quien le tenía una gran consideración recurriendo a él para la realización de importantes encargos. Kulmbach contribuyó también con sus grabados en madera a ilustrar, junto con Wolf Traut y otros artistas del círculo de Dürer, libros como el Epiphanie medicorum de Ulrich Pinder. En esta pintura se aprecian, de forma separada, a los dos santos Damián y Cosme, con vestimenta al más puro estilo renacentista de la época, que son portadores respectivamente de una mátula de orina y de un pomo de ungüentos.


Escuela de Adriaen Isenbrandt. San Cosme y San Damián (c. 1550). Óleo sobre madera. Museo Médico-Farmacéutico, Ámsterdam (Países Bajos)

Adriaen Isenbrandt, pintor nacido en Brujas, tuvo un gran taller especializado en temas religiosos, pintando de una manera conservadora en la tradición de los primitivos flamencos. Fue discípulo de Gérard David y tuvo influencias de Jan Van Eyck, Hans Memling y Albert Dürer. En esta obra son representados los hermanos médicos San Cosme y San Damián. Uno es portador de una redoma para orina y el otro un frasco farmacéutico; además ambos sostienen instrumentos quirúrgicos en su otra mamo. Al fondo un paisaje en claroscuro, un perro en medio de los santos y, en la parte más inferior, dos querubines sujetan un emblema del gremio de los cirujanos que incorpora una tijera y dos bisturíes.


Jean Bourdichon. San Cosme y San Damián, patrones cristianos de la medicina (entre 1503 y 1508). Iluminación sobre pergamino de 30x19,5 cm incluida en el libro Les grandes heures d´Anne de Bretagne (Richelieu Manuscripts latin 9474, Fol 173v). Bibliothèque Nationale de Francia, Paris (Francia)

En esta bella iluminación se muestran los santos mártires Cosme y Damián nimbados, el primero sosteniendo un frasco de orina con su mano izquierda, que señala con la derecha, y el otro un tarro farmacéutico que sujeta con sus dos manos. Los hermanos están situados dentro de un ábside con placas alternas de pórfido y jaspe verde, separadas por pilastras corintias, bajo una bóveda de cuarto de cañón con forma de venera. San Damián lleva bonete rojo y una túnica morada con dos lengüetas de extremos redondeados y forradas de piel bajo una gorguera para ocultar su nacimiento. San Cosme viste balandrán grana con cuello y vueltas de piel y capirote azul oscuro sobre cofia negra en la cabeza.


Atribuido al Maestro de Alcañiz. San Cosme y San Damián (c. 1520). Pintura sobre tabla de 67x47 cm. Iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz, Teruel (España)

La obra atribuida al Maestro de Alcañiz posiblemente corresponda al pintor leridano Baltasar Guiu, según recientes estudios. Forma parte de un conjunto de seis tablas situadas en la sacristía de la Iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz. San Cosme lleva en su mano derecha una cajita que contiene medicamentos, y en su mano izquierda una larga pinza quirúrgica. San Damián sujeta en su mano izquierda un gran frasco de cristal cilíndrico que contiene orina, y con la derecha realiza un gesto de bendición, con ello se quiere simbolizar que sus curaciones se basan en el uso de remedios medicinales y, lo que es más importante, en la fe que les inspira y en la intervención divina. Ambos santos llevan ricas vestimentas, al estilo de la época. Los gestos elegantes de sus manos y la viveza cromática dotan a esta pintura de una especial belleza.


Hernando de Ávila. San Damián y San Cosme (1582). Óleo sobre tabla. Monasterio de Santa María de la Vid, Burgos (España)

En estas tablas de Hernando de Ávila se representan a los hermanos gemelos, mártires y santos, patrones de la medicina. A la izquierda, San Damián vistiendo una capa roja observa la orina contenida en la mátula que sostiene con su mano derecha. A la derecha, San Cosme con una capa verde sujeta de su brazo derecho una caja de madera de la que ha sacado lo que pudiera ser una sonda uretral. La representación más tradicional de los santos en el arte adjudicó la insignia de la medicina a San Damián mientras que la farmacia y la cirugía estuvieron más adscritas a San Cosme. Con ello se quería significar que estas tres facetas del cuidado de la salud de los enfermos deberían presentarse de forma conjunta para su mayor potenciación.


Niklaus Manuel. La muerte, el abogado y el doctor (entre 1514 y 1520). Xilografía perteneciente al ciclo La Danza de la muerte. Bernisches Historisches Museum, Berna (Suiza)

Niklaus Manuel, un artista alemán polifacético, fue un pintor bastante notable, alumno de Hans Fries e influido por Hans Baldung, del que se conservan una importante serie de xilografías que representan danzas macabras grabadas bajo la influencia de, entre otros, Albert Dürer y Urs Graf, que fueron pintadas en el convento dominico de Berna. En el presente grabado se observa como la muerte, en forma de esqueleto con una sonrisa burlesca, capirote rojo y portando un cestillo de mimbre procede a romper el frasco con orina que porta el médico con un manto morado, simbolizando de que ya no le será más necesaria. Al otro lado, otro esqueleto de la misma guisa coje de la mano a un abogado con una toga roja para llevarlo consigo, mientras éste dirige su apenada e impotente mirada a lo que está aconteciendo al médico.


La uroscopia en el arte durante el Barroco

El siglo XVII se caracterizó por la heterogeneidad de estilos artísticos. Este periodo de la historia fue complejo y lleno de conflictos religiosos debido a la Reforma protestante, Los pintores de Italia, Francia o España se ocupaban casi exclusivamente de representar los temas religiosos bíblicos, de la mitología grecorromana y los retratos de encargo. En aquellos países que se adhirieron a la nueva corriente protestante, los artistas comenzaron a dejar a un lado las temáticas religiosas y mitológicas para poner la mirada en la contemplación de la naturaleza, representándola con objetividad y realismo. Con esta nueva perspectiva adquirió mayor relevancia el detalle y se popularizaron escenas cotidianas con personas del común, que anteriormente no eran motivo de atención por parte del artista, dando protagonismo a las obras llamadas de género o costumbristas. El claroscuro fue una técnica destacada en la pintura barroca, donde las áreas iluminadas adquieren una gran relevancia, logrando dar a la escena una sensación tridimensional. Esta técnica no solo proporcionaba volumen, profundidad y realismo, sino que también permitía centrar la atención sobre el punto de iluminación, creando atmósferas emotivas y dramáticas.

Los progresos de la medicina durante el siglo XVII, junto a cambios sociales y religiosos, moldearon nuevas corrientes de pensamiento y de visión del mundo que se reflejaron en el arte de la época, un escenario donde maestros de la pintura como Jan Steen o Gerrit Dou plasmaron en sus obras maestras el énfasis en la emoción, el uso de la luz y la sombra, el dinamismo, y la representación de la realidad sin desdeño de lo antiestético o desagradable. Las pinturas de médicos, dentistas, alquimistas y charlatanes practicando su actividad fueron temas favoritos de ciertos artistas neerlandeses y flamencos durante este periodo, considerado como el Siglo de Oro de los Países Bajos, y que frecuentemente tenían como referencia de enseñanza las escuelas de Rembrandt y Rubens. Las escenas que representan diversas actuaciones médicas parecen ser muy del gusto de la población de entonces, a juzgar por el gran número de cuadros sobre esta temática, y están especialmente dirigidas a un nuevo tipo de clientela, como la compuesta por la pujante clase burguesa en los Países Bajos y Flandes.

Debido a la popularidad que aún tiene el uso de la uroscopia en este periodo, este procedimiento se representa en la pintura muy a menudo como símbolo por excelencia del acto médico. Esta escenificación, aunque había sido ampliamente tratada en la Edad Media y en el Renacimiento, nunca alcanzó el grado tan alto de plasmación como lo hicieron los pintores barrocos neerlandeses y flamencos. Las pinturas que narraban la uroscopia, además de dar cuenta del detalle, en alguna medida buscaban reivindicar la actividad médica, elevar su estatus y dotarla de cierto halo de erudición y cientificismo. La experiencia de plasmar la práctica de la uroscopia era todo un reto ya que no solo requería lograr una composición y dimensiones correctas, sino que debía transmitir la concentración ejercida por el médico durante el examen detenido del frasco de orina, así como también la incertidumbre y tensa espera de los pacientes y sus familiares acompañantes antes de recibir el diagnóstico.

Durante el Barroco, entre las obras de pintores neerlandeses que reflejaron la escena de la uroscopia destacan las de Werner van den Valckert, Pieter de Bloot, Adriaen van Ostade, Salomon Koninck, Gerrit Dou, Gerard ter Borch el Joven, Philips Koninck, Quiringh Gerritsz van Brekelenkam, Jan Havicksz Steen, Hendrick Heerschop, Samuel Dirksz van Hoogstraten, Harmen Hals, Gabriël Metsu, Egbert van Heemskerk II, Frans van Mieris el Viejo, Jacob van Toorenvliet, Caspar Netscher, Heiman Dullaert, Evert Oudendijck, Godefridus Schalcken, Pieter Cornelisz van Slingelandt, Matthijs Naiveu, Michiel van Musscher o Richard Brackenburg. Entre los pintores flamencos que retrataron esta temática debe señalarse a David Teniers el Viejo y el Joven, Joos van Craesbeeck, David Ryckaert III, Mattheus van Helmont, Johannes de Cordua, Frans Francken el Viejo, Gérard Thomas o Balthasar van den Bossche. También deben ser considerados en esta relación los pintores franceses Trophime Bigot e Isaac Sarrabat.

El pintor flamenco David Tenlers el Viejo fue probablemente el primero en mostrar un interés notable por este tema. Posteriormente se irán añadiendo otras obras de diversos artistas, algunas de las cuales alcanzan un alto nivel de técnica pictórica, como las de David Teniers el Joven, Adriaen van Ostade, Hendrik Heerschop, Samuel van Hoogetraten, Gabriël Metsu, Joos van Craesbeeck o Gérad Thomas, pero ninguno de ellos lo hizo con la intensidad y maestría de Jan Havicksz Steen y de Gerrit Dou, dejándonos entre los dos un legado de más de veinte pinturas incluyendo la práctica de la uroscopia.

Gerrit Dou (1613-1675), nacido en Leiden, fue un destacado discípulo de Rembrandt, del cual adquirió algunas de sus habilidades más características como el exquisito uso del color y la forma de componer los más sutiles efectos del claroscuro. Cuando Rembrandt se traslada a Amsterdam en 1631, Dou se convertiría en el pintor más importante de su ciudad natal. En muchas de sus obras de género, la escena transcurre en la oscuridad, durante la noche, con las velas alumbrando los detalles o con la luz penetrando a través de una ventana. Dou era sumamente meticuloso y detallista al máximo, tomándose el debido tiempo antes de para dar por terminada la pintura. Para lograr esa exquisitez no dudaba en fabricar sus propios pinceles, de acuerdo al nivel de precisión que necesitaba, y solía utilizar una lupa y un espejo cóncavo para conseguir la perfección. Se especializó en obras de pequeño formato, con escasos personajes, donde se reproducen los efectos de la luz como pocos lo han conseguido, con colores admirablemente frescos y transparentes, y un efecto general delicadamente armonioso. Aunque pintó sobre variados temas, se dedicó especialmente a escenas de interiores domésticos, entre las que cabe señalar las que muestran visitas y consultas médicas. Muchos de estas escenas se desarrollan en una habitación con pocos figurantes enmarcados por una ventana en donde aparece el médico practicando la uroscopia observando el frasco a contraluz.

Jan Havicksz Steen (1626-1679) nació también en Leiden. Se formó como pintor en Utrecht en el taller de Nikolaus Knüpfer, un pintor alemán especializado en escenas históricas y figurativas. En 1646 se traslada a vivir a La Haya como ayudante del pintor paisajista Jan van Goyen. En el año 1654 reside en Delft, después en Warmond y posteriormente en Haarlem, donde fue particularmente productivo. Vuelve a Leiden en 1670, una vez que queda viudo, donde permanecerá hasta su fallecimiento. Steen fue considerado como unos de los pintores de mayor prestigio del Siglo de Oro neerlandés. Fue especialmente prolífico por la rapidez con que solía realizar sus obras. Las escenas de la vida cotidiana eran uno de sus temas favoritos, creando una atmósfera animada y distendida repleta de personajes y situaciones de la vida real de su época, con una finalidad a menudo de carácter moralizante. Steen adopta retratar a médicos en la consulta o durante la visita domiciliaria para atender a sus pacientes, frecuentemente a mujeres jóvenes afectadas con la “enfermedad del amor” que suele escenificar con cierto tono frívolo e irónico.

La toma del pulso y el examen de la orina fueron los más importantes métodos de diagnóstico que los médicos realizaron durante siglos para determinar la enfermedad de los pacientes antes de pasar a la prescripción, por lo que son motivos de inspiración para su escenificación en las pinturas sobre la profesión médica, muchas veces siendo representados ambos métodos conjuntamente. Los pintores neerlandeses y flamencos del siglo XVII suelen retratar al médico con un aspecto distinguido asistiendo con aparente competencia al paciente, habitualmente a una elegante mujer, en el marco de la estancia principal de una vivienda perteneciente generalmente a una familia acomodada y ante la mirada atenta y preocupada de su sirvienta y/o familiares que están a la espera del diagnóstico tras la minuciosa inspección de la redoma por parte del médico. En la escena, con frecuencia, pueden aparecer otros elementos como un brasero o un calientapiés en el suelo, y también la presencia de un niño o un perro. Algunas pinturas añaden un plano secundario en el fondo de la pintura para acentuar la perspectiva visual, en donde aparecen otros figurantes que pretenden reforzar el mensaje que el pintor quiere transmitir en su obra.

Una puesta en escena habitual sobre esta temática tiene como enfermo protagonista a una mujer joven, sentada en un sillón en actitud de desazón y desasosiego, que está vestida más propiamente como si estuviera a punto de salir de casa. En esta escenificación, el pintor quiere reflejar específicamente que la mujer padece la “enfermedad del amor”, aquella que es consecuencia de un amor no correspondido, más bien que a una verdadera enfermedad orgánica. Esta dolencia parecía afectar únicamente a las mujeres, a juzgar por las pinturas que nos han llegado. La sintomatología de estas jóvenes “enfermas” consistía en languidez, tristeza, desánimo, palidez de la cara, llantos incontrolables, dolores de cabeza, lamentos constantes, desgana y adinamia. Seguramente este padecimiento sería el equivalente a una variante de la histeria o la más recientemente denominada como clorosis. Por fortuna, esta enfermedad dejó de ser considerada como tal a mediados del siglo XX dejando atrás una serie de inocuos y extravagantes procedimientos terapéuticos como aconsejar el matrimonio a la paciente o el uso de sangrías y enemas, entre otros. Gregorio Marañón sostuvo que esta enfermedad nunca llegó a existir y resaltó el gran perjuicio que supuso a las mujeres por su señalamiento durante varios siglos.

Otra forma no infrecuente de plasmar esta escena es aquella que presenta a un médico o a menudo a un curandero observando la mátula con orina de una mujer joven, frecuentemente en compañía de su madre, que manifiestan ansiedad y preocupación a la espera por conocer si ha ocurrido un embarazo no deseado. Muchas de estas pinturas tienen una finalidad más sarcástica, o incluso caricaturesca, que la de buscar la comprensión de las mujeres ante su congoja. La confirmación de la gestación se muestra de forma diferente según cada pintor; Gerrit Dow lo representa como un querubín sobrevolando sobre el frasco mientras que en los lienzos de David Ryckaert III y Godefridus Schalken aparece como una especie de embrión humano transluciéndose sobre la redoma.


Gerrit Dou. La mujer hidrópica (entre 1663 y 1664). Óleo sobre tabla de 86x67,8 cm. Museé du Louvre, París (Francia)

Esta pintura está considerada como la obra maestra de Gerrit Dou. La escena tiene como protagonistas a una anciana enferma, sus familiares acompañantes y un médico enmarcados en la penumbra de una habitación de una rica mansión neerlandesa con un único punto de iluminación a través de una ventana. La paciente permanece sentada con un aspecto muy pálido y deteriorado que busca con su mirada perdida la dirección de la luz que emerge por el cristal de la ventana. A sus espaldas, una mujer de mediana edad sostiene en una mano una cuchara intentando darle de comer y, a sus pies, una joven arrodillada con gesto muy triste toma la mano de la enferma en señal de compasión. Con ello parecen quedar escenificadas tres generaciones de mujeres de una misma familia. En posición central y anterior aparece el médico, elegantemente vestido al estilo de la época, que permanece de pie en estado de máxima concentración examinando a contraluz la redoma con orina antes de emitir el diagnóstico. La hidropesía, término médico hoy en desuso siendo sustituido por edema o ascitis, define la acumulación excesiva de líquido en los tejidos y cavidades del organismo siendo su origen más habitual enfermedades cardiovasculares, hepáticas y renales.


Jan Havicksz Steen. La visita del médico (entre 1658 y 1662). Óleo sobre tabla de 49x42 cm. Wellington Museum, Apsley House, Londres (Reino Unido)

En esta obra de Jan Steen aparecen hasta cinco figuras en el entorno de un hogar de una acomodada familia. La centralidad está ocupada por dos mujeres y el médico, sobre los que se concentra la luz. La joven paciente permanece sentada en una silla con una mano en su frente y una expresión melancólica. El médico de pie le toma el pulso de la muñeca a la vez que dirige su mirada hacia la mátula con orina de la paciente que es sostenida por una criada. Además, aparece un niño jugando en el suelo, posiblemente el hijo de la paciente, y al fondo, en otra habituación, se observa un hombre sentado leyendo una carta. Un pequeño perro sobre un cojín aparece junto a su ama. En las paredes de la habitación cuelga un conocido cuadro de Frans Hals y una pintura sobre el tema mitológico de Venus y Adonis. Steen pretende representar en esta pintura la “enfermedad del amor” de una forma cómica y moralizante como acostumbraba hacer el artista de Leiden. La mirada irónica del médico, el niño jugando con un arco y flechas como símbolo de Cupido, el cuadro erótico en la pared o el hombre del fondo como marido mayor que descuida las necesidades de su joven esposa son todos elementos que contribuyen a reforzar el diagnóstico de la enfermedad.


Gerrit Dou. El médico (1653). Óleo sobre tabla de roble de 49,3x36,6 cm. Kunsthistorisches Museum, Viena (Austria)

En esta pintura, Gerrit Dou se retrata a sí mismo como médico de porte elegante. La escena se abre al espectador mediante un enorme arco, decorado con una suntuosa cortina azul que cubre en parte un globo terráqueo, y un alféizar con relieves en la parte inferior que representa a niños jugando con una cabra, según una obra de François Duquesnoy. El médico, como principal protagonista, aparece en el centro realizando una uroscopia sobre la muestra de orina traída por una paciente situándose a espaldas del médico y sosteniendo del brazo un cubo. Sobre el alféizar cuelgan una alfombra de finos bordados, una bacía de metal para las sangrías, una vasija de plata delicadamente adornada y un libro abierto de anatomía, probablemente una copia del De humani corporis fabrica del célebre anatomista Vesalio, todo lo cual pretende indicar la condición académica y profesional del médico. Existe otra versión de esta pintura en la Art Gallery de Christchurch (Nueva Zelanda).


Jan Havicksz Steen. El observador de orina (entre 1663 y 1665). Óleo sobre tabla de 41x33,5 cm. Museum De Lakenhal, Leiden (Países Bajos)

En esta ocasión, Jan Steen pone en escena a tres personajes en el curso de una visita médica que se desarrolla en una habitación menos ostentosa de lo que es habitual en esta temática. Una joven dama de tez pálida recibe sentada al médico, el cual con una mano le toma el pulso y con la otra sostiene la mátula dirigiéndola hacia la luz para el examen detenido de su orina. Entre estos dos protagonistas se sitúa una criada senil que permanece muy atenta a las actuaciones del médico. En el fondo se observa un calientacamas de cobre apoyado sobre la pared junto a una cesta cilíndrica de mimbre para el transporte del recipiente de orina. Por delante aparece un calientapiés y un pequeño brasero. Sobre la pared cuelga un aventador de chimenea y un cuadro que representa a los amantes Venus y Adonis. Siguiendo el espíritu cómico y moralizante de Steen, toda esta puesta en escena es muy sugestiva de la representación de la “enfermedad de amor”, sin que pueda pasar desapercibido el detalle burlón de la anticuada vestimenta que luce el médico y que parece llevar los zapatos cambiados de pie.


David Teniers el Joven. Médico rural examinando un frasco de orina (c. 1645). Óleo sobre tabla de 28x37 cm. Musées Royaux des Beaux-Arts, Bruselas (Bélgica)

David Teniers el Joven fue un artista flamenco que llegó a tener gran fama entre sus contemporáneos por sus pinturas de género, con frecuencia retratando a granjeros y ganaderos. Toda la escena de esta pintura se desarrolla en un posible consultorio médico muy modesto, propio de un entorno rural. El médico, dignamente vestido, permanece sentado examinando un frasco de orina que sostiene con su mano derecha, mientras con la izquierda sujeta un libro de consulta abierto sobre una mesa. A su lado se sitúa de pie una enferma de mediana edad, humildemente ataviada, que lleva colgado del brazo el cesto de transporte de la redoma. Al fondo aparecen tres figurantes, posiblemente auxilares del médico, que parecen estar ocupados en la elaboración de medicamentos. Esta pintura fue reproducida por otros autores de forma recurrente debido a su gran popularidad.


Joos van Craesbeeck. El examen de orina (entre 1640 y 1650). Óleo sobre lienzo. Musée des Beaux-Arts, Orléans (Francia)

Joos van Craesbeeck fue un pintor flamenco costumbrista, seguidor del estilo de Adriaen Brouwer, que alcanzó gran fama entre sus contemporáneos. En esta obra, compuesta con la técnica del claroscuro, se representa al médico, como figura central, que permanece sentado inspeccionando con atención un recipiente de orina en dirección al origen de la luz, el cual sostiene con su mano derecha y lo sitúa un poco por encima de la altura de sus ojos. Mientras tanto, con su mano izquierda sujeta una pluma en disposición para tomar unas notas. Detrás del médico, una paciente añosa cuelga de su brazo la habitual cesta de mimbre cilíndrica para transportar el frasco con su orina. La enferma también dirige su fija mirada hacia la redoma en una tensa espera antes del diagnóstico. Sobre la mesa se observa un libro abierto para consulta, un tintero, el frasco posiblemente traído por la enferma con el resto de su orina y una calavera que simboliza la vanitas, es decir, la relevancia de la muerte, la fugacidad de la vida y el fin de los placeres terrenales.


Samuel Dirksz van Hoogstraten. La dama anémica (entre 1660 y 1670). Óleo sobre lienzo de 69,5x55 cm. Rijksmuseum, Ámsterdam (Países Bajos)

Esta pintura de Samuel van Hoogstraten es una obra intrigante y fascinante que ha cautivado a los espectadores desde su creación. Una joven enferma, que recibe la máxima intensidad de luz, es la figura central de la escena que se desarrolla en el entorno de un hogar de alto estatus social. La dama muestra un rostro pálido y con semblanza enfermiza, permaneciendo sentada en una silla y apoyando sus pies en un calentador, dirige su desconsolada mirada directamente al observador en busca de complicidad y compasión, lo que crea una cierta sensación de pesadumbre. Detrás de la mujer, un médico con gesto serio observa al contraluz una redoma con orina que sostiene con su mano izquierda. Justo a espaldas de la paciente se sitúa de pie un hombre joven, posiblemente su esposo, con la mirada puesta en el frasco de orina en actitud de contenida preocupación. Se ha especulado que la causa de la dolencia sea por “enfermedad del amor”, basándose en símbolos como el cuadro del fondo representando a Venus, diosa del amor, el calientapiés o el gato junto a la mesa que tradicionalmente simboliza la lujuria. Se cree que la mujer representada era la propia esposa de van Hoogstraten, quien murió poco después de la creación de la obra.


Adriaen Van Ostade. El análisis (1666). Óleo sobre madera de 28,2x22,5 cm. Musée des Beaux-Arts, Paris (Francia)

Adriaen Van Ostade, el pintor costumbrista originario de Haarlem, realizó varias obras con la misma composición que mostraba a distintos profesionales varones del mundo científico y de la justicia, sentados frente a una mesa, absortos en el desempeño de su ejercicio. En la presente pintura parece retratarse a un médico concentrado en el examen de una muestra de orina depositada en la mátula, situándose la escena en su propio despacho. Sobre la mesa, cubierta con una opulenta alfombra oriental, se observa un libro abierto con ilustraciones de botánica, posiblemente en relación con temática farmacológica, y también plumas de escritura, un tintero y unos papeles en blanco prestos a contener las notas pertinentes del doctor tras el diagnóstico. En la pared aparece una repisa y una estantería con libros. Detrás del médico se ubica una austera mampara de color negro.


Gabriël Metsu. La paciente y el médico (c. 1660). Óleo sobre lienzo de 61,5x47,5 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo (Rusia)

Gabriël Metsu fue discípulo de Gerrit Dou, completó su formación con Nicolaus Knüpfer y tuvo influencias de Jan Steen. Falleció precozmente a la edad de 38 años, posiblemente a consecuencia de una cirugía por litiasis vesical. En esta pintura, una paciente de clase alta con aspecto demacrado yace sentada en una silla con la mirada perdida dirigida al suelo. A la izquierda de la composición aparece un médico erguido mirando pausadamente el frasco de orina que sostiene con su mano izquierda, mientras apoya la derecha en su cintura. Una dama de compañía, familiar o sirvienta, permanece a su lado y detrás de una mesita donde está depositada una cestilla de mimbre. Un pequeño perro pretende despertar sin éxito la atención de su ama. Se ha sugerido que la paciente esté afectada por la “enfermedad del amor” porque tanto el médico como la mujer acompañante no parecen dar claras muestras de preocupación por el estado de salud de la enferma.


Frans van Mieris el Viejo. La visita del médico (1667). Óleo sobre tabla de 31,1x44,5 cm. Museum J. Paul Getty, Los Angeles (EE. UU.)

Frans van Mieris el Viejo fue un reconocido pintor neerlandés especializado en temas de género que, a menudo, escenificaba la vida cotidiana de forma teatralizada y humorística. En esta pintura aparece en primer plano una elegante joven mujer postrada en una silla que se ha sufrido un desmayo. La joven recibe la atención diligente de una mujer madura, posiblemente una familiar o su sirvienta. Otras dos mujeres de la familia se aprecian al fondo, una de las cuales está llorando. En el centro se observa de pie al médico que está examinando la orina de la paciente contenida en la redoma. La ostentosa vestimenta del médico, su histrionismo y el aspecto burlón de su cara revela la verdadera intención del pintor de retratar la común escena de la “enfermedad del amor”. Refuerza esta suposición el cuadro erótico que cuelga sobre la chimenea y la cinta en llamas que sostiene la jovencita llorosa, que en aquel entonces era interpretado como un símbolo de embarazo.


Heyman Dullaert. La visita al médico (entre 1651 y 1684). Óleo sobre tabla de 42x54 cm. Groningen Museum, Groningen (Países Bajos)

En esta obra se observa a un médico en su despacho, a punto de sentarse en una elegante silla, mientras sostiene con su mano derecha un frasco de orina para someterlo a su inspección a contraluz dirigiéndolo directamente hacia la ventana. Sobre la mesa, cubierta de un fino tapete bordado, aparecen varios libros alienados contra la pared y uno está abierto para la consulta. En la esquina y encima de los libros se vislumbra una calavera de vanitas y por delante una cesta de mimbre transportadora de la muestra de orina. Varias plumas, un tintero y hojas en blanco están dispuestas para hacer anotaciones. En la pared del fondo cuelga un instrumento musical de cuerda, un mapa y una estantería con utensilios propios para guardar y elaborar medicamentos. A la derecha aparece el aposento sin ordenar completamente y sobre una silla la ropa extendida.


Gerard ter Borch el Joven. La consulta (1635). Óleo sobre tabla de 34.5x45.7 cm. Gemäldegalerie, Berlín (Alemania)

Gerard ter Borch el Joven era reconocido por su habilidad para plasmar texturas, especialmente el satén de los vestidos. Esta pintura fue la primera conocida del maestro neerlandés, en donde se representa posiblemente a un curandero examinando a contraluz la orina del frasco que sostiene con su mano derecha. Una mujer madura al fondo sostiene una especie de orinal cerámico donde con seguridad ha depositado su orina para ser examinada. La discreta indumentaria del médico, el modesto ambiente de la sala y el desorden reinante por doquier no se corresponde con la consulta que cabría esperar de un médico académico. Diversos elementos aparecen sobre la mesa y el suelo, como una calavera, un reloj de arena, una jarra rota o flores marchitas que conectan con la idea del vanitas, contraponiendo la posibilidad de una curación con la fragilidad de la vida y el fatal destino.


Hendrick Heerschop. En la consulta del médico (c. 1680 y 1690). Óleo sobre tabla de 41x35,5 cm. Colección privada

Hendrik Heerschop representa muy bien en esta pintura al médico enfrentándose a la incertidumbre del diagnóstico mientras está inspeccionando el frasco de orina con detenimiento dirigiéndolo hacia la luz que transmite la ventana. La paciente de pie y a su lado deja apoyada la cesta de mimbre sobre la mesa del consultorio, en donde también se puede observar un reloj de arena y varios libros, uno de los cuales se eleva sobre un atril para su consulta. En el suelo aparecen varios elementos en soportable desorden. La paciente mira hacia la mátula con cierta ansiedad en espera de que sea desvelada la causa de sus males.


Michiel van Musscher. Doctor en su estudio (1668). Óleo sobre tabla de 43x37 cm. Colección privada

En esta pintura se retrata a un médico sentado en el despacho de su consultorio procediendo al examen de una muestra de orina en el frasco de vidrio. Sobre la mesa, cubierta de un elegante tapete, se observan varios objetos, pluma y papel para escribir sus notas, un libro abierto en un atril, un frasco de botica etiquetado como Eufrasia, una planta utilizada como remedio para enfermedades oculares, y a la izquierda una llave dental utilizada para la extracción de piezas dentarias. El resto de habitáculo está lleno de múltiples elementos como una librería repleta de libros, un globo terráqueo encima de un armario, una repisa con varios libros, un taburete con un mortero y otros utensilios para preparación de fármacos. Sobre el suelo percibimos una cesta de mimbre y otros libros.


Egbert van Heemskerck II. Enfermedad del amor (1700). Óleo sobre lienzo de 43x34 cm. Colección privada

Egbert van Heemskerck II desarrolla la escena en lo que parece ser el humilde hogar de la paciente que es visitada por un curandero. La enferma yace sentada con aspecto afligido mientras que el charlatán, con indumentaria pintoresca, permanece de pie a su lado concentrado en la toma del pulso con su mano derecha y portando la redoma con la orina en la izquierda para su posterior examen. Una mujer añosa, posible madre de la enferma, se interpone en medio con la mirada fijada en el práctico a la espera de su opinión. Al fondo, dos hombres están saliendo de la estancia para preservar la intimidad de los protagonistas. Esta pintura ha sido vinculada con la “enfermedad el amor” a pesar de la ausencia de claros símbolos que lo avalen, a excepción de los calentadores mostrados en el suelo.


Gérad Thomas. Un médico sentado frente a una mesa, sosteniendo un frasco para orina (segunda mitad del siglo XVII). Óleo sobre lienzo de 84,5x68,5 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Gérard Thomas fue un pintor especializado en escenas costumbristas de médicos, curanderos y alquimistas como también de ambiente de tabernas. Dedicó varias pinturas sobre la temática de la uroscopia y tuvo muchos seguidores que reprodujeron muy fielmente el estilo del pintor flamenco. Esta obra se enmarca en un amplio habitáculo indiviso que parece servir para distintas necesidades como consultorio médico y como laboratorio farmacéutico. El médico sentado ante una mesa hace un movimiento giratorio hacia la ventana para ver mejor a contraluz el frasco de orina de la paciente que está a su lado, mientras otra enferma parece estar esperando su turno con su muestra de orina. Sobre la mesa se observa un libro abierto, el Libri Galeni de Medicina, que sirve de ayuda para el diagnóstico. Un adolescente trae un jarro y al fondo varios auxiliares están preparando medicamentos.


Johannes de Cordua. Médico en su estudio (1702). Óleo sobre lienzo de 118x98 cm. Colección privada

En la pintura de Johannes de Cordua se pueden destacar dos singularidades respecto a las obras de otros autores de este periodo. En primer lugar, el frasco que contiene la orina no tiene la típica morfología globular con cuello estrecho sino que predomina una estructura más cilíndrica. Por otra parte, el médico no está mirando hacia la muestra de orina sino que dirige su complaciente mirada directamente hacia el espectador. Esta actitud debe ser interpretada como una expresión de autoconfianza en su competencia profesional. Al fondo aparecen varios recipientes para guardar medicamentos y otros objetos de uso instrumental. Sobre la mesa un libro de notas permanece abierto y también se disponen otros elementos como material quirúrgico, un mortero, tarros farmacéuticos y una calavera de vanitas.


Quiringh Gerritsz van Brekelenkam. Atendiendo a la paciente (1667). Óleo sobre tabla de 52x40 cm. Latvian National Museum of Art, Riga (Letonia)

Las composiciones de género de Van Brekelenkam suelen incluir a muchos figurantes, cada uno con su propio carácter individual. En esta pintura, la paciente, de porte distinguido, está sentada en una silla y transmite un semblante desasosegado. Está siendo asistida por otra mujer, una familiar o su sirvienta. El médico permanece de pie atento al examen del frasco de orina. Un niño, posible hijo de la enferma, dirige su triste mirada hacia el observador. En el fondo cuelga un cuadro de un paisaje campestre.


Richard Brackenburg. Médico tomando el pulso a una niña y sosteniendo un frasco con su orina (1696). Óleo sobre tabla de 51,4x41,9 cm. Wellcome Collection. Londres (Reino Unido)

El médico está tomando el pulso con su mano derecha a la niña enferma mientras que con la izquierda sostiene un frasco con su orina para ulterior examen. Detrás se sitúan cuatro mujeres; posibles familiares de la paciente, que muestran signos de profunda preocupación por su estado de salud. En la mesa, junto a la niña, está depositada una almohada y un cesto de mimbre para guardar la mátula. El perro de la casa, en claro instinto de alarma, reclama la atención de la infanta. Al fondo, otra mujer contempla la escena, al mismo tiempo que cierra la puerta del dormitorio para preservar la intimidad.


Jacob van Toorenvliet. La visita del médico (entre 1666 y 1667). Óleo sobre cobre de 52,3x41,3 cm. Colección privada

Un médico visita a una paciente joven que yace en cama con un aspecto pálido y es auxiliada por una familiar o su criada. El médico, sentado junto a la cama, toma el pulso en la muñeca de la mano derecha de la enferma a la vez que observa su orina realizando un leve giro para dirigir el frasco hacia el punto de entrada de la luz. Sobre la mesa hay papel, tintero y pluma para hacer anotaciones respecto al diagnóstico y tratamiento a seguir. A la izquierda, aparece un niño sosteniendo la cestilla de mimbre y dirigiendo la mirada hacia espectador esperando su implicación y complicidad.


Balthasar van den Bossche. Hombre examina un frasco de orina (entre 1700 y 1715). Óleo sobre lienzo de 68x83 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

En la pintura se observa a un médico examinando un frasco de orina a contraluz mientras que a su lado una mujer senil espera su turno, sosteniendo una muestra de orina, junto a su hija y su nieto que, por su aspecto saludable, parece sugerir que se está realizando una consulta por posible embarazo de la joven mujer. La presencia de libros y un globo terráqueo pretenden reforzar la erudición del médico. Un joven, dirigiendo su mirada al observador, está sentado frente a un alambique de destilación para elaboración de fármacos. Al fondo, un práctico está realizando una posible extracción dentaria a un paciente. 


Estilo de Salomon Koninck. Médico examinando un frasco de orina (primera mitad del siglo XVII). Óleo sobre lienzo de 113x90,5 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Está obra ha sido atribuida a Salomon Koninck, un pintor neerlandés sobrino de los también pintores Jacob y Philips Konnick. Se formó en el entorno de Rembrandt y se especializó en los retratos y escenas de género. En esta pintura retrata en primer plano y en exclusiva al médico alzando la redoma de orina con su mano derecha a la altura de sus ojos y dirigiéndola hacia el punto de entrada de la luz. La otra mano la deja apoyada sobre la boca del cesto de mimbre portador de la muestra de orina. Encima de la mesa se ve un mortero para moler los ingredientes de los medicamentos y también se agrupan varios libros, permaneciendo abierto el más superior como referencia para la consulta.


Gérard Thomas. Médico examinando un frasco de orina. Óleo sobre lienzo de 56,5x46,8 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

La composición de esta pintura de Gérard Thomas se fundamenta en una ficticia ventana en forma de arco, escena muy al gusto de los pintores neerlandeses del Siglo de Oro. Un médico, de porte elegante, observa de forma ceremoniosa la mátula de orina ante la presencia de la enferma, que cuelga de su antebrazo derecho el cesto de mimbre acarreador de la muestra de orina, a la espera impaciente del diagnóstico. Sobre el alféizar se muestran jarrones de cerámica fina y una alfombra oriental de rica ornamentación. El globo terráqueo y el libro abierto para la consulta son signos inequívocos de la solvencia profesional del médico.


Matthijs Naiveu. Médico al pie de la cama de una joven paciente (c. 1700). Óleo sobre lienzo de 63x53 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Matthijs Naiveu retrata a una paciente joven que yace recostada en la cama. En el centro, un médico con traje negro formal le toma el pulso en la muñeca con su mano derecha y, con la izquierda, sostiene un frasco con su orina para proceder a su examen. A la derecha, los padres de la paciente, visiblemente compungidos y preocupados, permanecen en pie a la espera del diagnóstico. La habitación está ricamente amueblada, propia de una familia de alto estatus social. A la izquierda, una mesa cubierta con una alfombra persa contiene depositada la cesta de mimbre para transportar el frasco. Al fondo, a la derecha, un tapiz que va del suelo al techo mostrando escenas campestres. En la parte superior, un techo pintado representa a Cupido, con su flecha apuntando hacia la paciente, lo que podría simbolizar que padece de la “enfermedad del amor”.


Atribuido a Werner van den Valckert. El médico como Jesús (entre 1600 y 1625). Óleo sobre tabla de 95x96 cm. Rijksmuseum Boerhaave, Leiden (Países Bajos)

Esta pintura forma parte de la serie Alegoría de la profesión médica de un autor desconocido, pero que suele atribuirse a Werner Van Den Valckert, en donde se pretende representar la visión que los pacientes de aquella época tienen del médico. En esta pintura vemos al médico, a quien el paciente grave lo considera como su salvador, equiparándolo a Dios. En la escena están representados hasta tres casos clínicos distintos. A la izquierda, un paciente muy afligido yace en cama rodeado de varios familiares, mientras el médico está tomándole el pulso. Al fondo, a la derecha, un cirujano realiza una trepanación a un paciente que apoya la cabeza sobre sus propios brazos. En posición más anterior, a la derecha, varios prácticos están reduciendo una fractura del miembro inferior derecho del paciente, previo a la colocación de la férula que ya está preparada en el suelo. En el centro aparece el médico simbolizado como Jesús, el Gran Sanador, que está inspeccionando una mátula con orina, la genuina insignia de la profesión médica.


Godefridus Schalcken (1643-1706). El examen del médico (c. 1690). Óleo sobre tabla de 35×28,6 cm. Mauritiushuis, La Haya (Países Bajos)

Schalcken pone en escena a una familia que acaba de recibir el diagnóstico de un embarazo por parte del curandero el cual, observando burlonamente el matraz con orina de la joven mujer, vislumbra la silueta de un embrión. A la izquierda, su padre enojado aprieta su puño y dirige una mirada desafiante hacia la hija en clara actitud de reprimenda. La joven llora desconsoladamente en señal de arrepentimiento. Un adolescente, posible hermano de la joven, realiza un gesto obsceno con su mano derecha a la vez que mira al espectador con una sonrisa irónica en consonancia con lo acontecido. Nótese también la morfología fálica del respaldo de la silla que refuerza el mensaje del artista. Sobre la mesa, cubierta con un modesto tapete, se observa una jeringa para enema.


Egbert van Heemskerck II. Hombre examinando un frasco de orina (segunda mitad del siglo XVII). Óleo sobre lienzo de 63,5x76 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Un curandero con aspecto socarrón examina una muestra de orina dirigiendo el frasco hacia la luz que emite la ventana a la vez que sostiene con su mano el brazo derecho de la joven mujer que le consulta. Ésta muestra un semblante de honda preocupación por el diagnóstico al punto de que le brotan las lágrimas que intenta secar con un pañuelo. A su lado emerge la figura de una mujer añosa como acompañante, posiblemente su madre. La escena parece corresponder a una consulta por un posible embarazo, que frecuentemente eran objeto de atención por parte de los charlatanes. La presencia de objetos de erudición, como el globo terráqueo o el libro de consulta, en esta ocasión tienen una función más testimonial que de verdadero uso práctico. A la derecha, un joven auxiliar realiza tareas de destilación para la fabricación de medicamentos.


Jan Havicksz Steen. La visita del médico (entre 1658 y 1662). Óleo sobre tabla de 49x42 cm. Wellington Museum. Apsley House, Londres (Reino Unido)

Esta pintura de Steen representa la visita que hace un médico a la casa de una mujer embarazada de clase media. El médico ya ha evaluado a la paciente, que presenta un aspecto de desazón, y sentado frente a una mesa está comenzando a hacer anotaciones sobre las prescripciones de tratamiento que propone. Al fondo aparece una mujer de mediana edad, posiblemente la madre de la gestante, portando el frasco con la orina de su hija que ya ha sido sometida al examen del doctor.


Atribuido a Pieter de Bloot. Hombre examinando un frasco de orina. Óleo sobre tabla de 29,4x27,7 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Esta obra atribuida a Pieter de Bloot nos traslada al profundo mundo rural donde la única posibilidad de una consulta médica estaba limitada a ser atendida por los charlatanes. En una representación grotesca y, en cierto modo caricaturesca, el curandero, cómodamente sentado en una tosca silla, procede a inspeccionar la orina del paciente que permanece expectante esperando el diagnóstico tras la puerta de entrada. Al lado del charlatán aparecen su esposa y su hijo que mantienen una actitud hilarante impropia. Sobre la mesa se apoya un cesto con viandas, posiblemente un presente de agradecimiento. De la pared cuelga una vacía de las utilizadas para las sangrías.


Atribuido a Pieter Cornelisz van Slingelandt. Los problemas llegan al alquimista (segunda mitad del siglo XVII). Óleo sobre lienzo de 78,7x56,5 cm. Science History Institute, Filadelfia (EE. UU.)

Esta pintura ha sido atribuida a Pieter Cornelisz van Slingelandt que fue discípulo de Gerrit Dou. El título hace referencia a un alquimista, pero la escena realmente muestra a un médico realizando una uroscopia a una paciente. Sobre la mesa se distribuyen multitud de objetos: libros, reloj de arena, globo celeste, frascos, recipientes y un cráneo humano de vanitas. En el suelo se apoya un violonchelo y aparece un perro acurrucado, cuadernos de notas y un mortero. En el momento que el médico se dispone a examinar la orina de la paciente, desde una ventana una mujer vacía deliberadamente un orinal sobre la cabeza del galeno provocando su sorpresa y rechazo. Esta escenificación supone una agria crítica contra la práctica de la uroscopia que ya había comenzado a desprestigiarse. El poema retratado sobre la mesa, atribuido a Sócrates, pretende equiparar a la mujer de la ventana con la esposa gruñona del filósofo griego.


La uroscopia en el arte después del Barroco

A medida que la práctica de uroscopia perdió protagonismo entre la profesión médica a partir del siglo XVII, las obras artísticas sobre el tema también se redujeron considerablemente. No obstante, muchas de las pinturas de género neerlandesas y flamencas que mostraban a médicos y charlatanes practicando la uroscopia fueron ampliamente reproducidas en forma de grabado debido a la gran popularidad que tuvieron en toda Europa hasta bien entrado el siglo XIX. Por otra parte, durante el siglo XVIII y principios del XIX, algunos pintores plasmaron esta representación, sin apenas introducir modificaciones sobre los modelos precedentes, y entre los que se puede destacar al neerlandés Egbert van Heemskerck III, el austriaco Franz Christoph Janneck, el inglés James Northcote y los alemanes Johann Christian Friedler, Willem Joseph Laquy y Justus Juncker.

Una vez que la uroscopia cayó en total descrédito quedó reducida a un símbolo de la charlatanería y el fraude siendo el objetivo de muchas caricaturas despectivas durante el siglo XVIII, como la famosa titulada La compañía de enterradores de William Hogarth, de poco después de 1736, donde aparecen de forma burlesca varios curanderos, uno de los cuales porta un frasco de orina; y también cabe destacar la caricatura de Temple West, una sátira política que se burla del error de juicio del rey Jorge III de Inglaterra sobre la consideración que tenía de Napoleón al representarlo como una pequeña figura en un gran frasco de cristal. A lo largo del siglo XIX siguieron reproduciéndose los ataques satíricos dirigidos contra los médicos y curanderos que seguían practicando este antiguo y obsoleto método diagnóstico, como puede observarse en la litografía de Emile Charles Wattier que muestra con menosprecio a un médico observando una muestra de orina y, también, en el grabado sobre madera inspirado en Adam Adolf Oberländer que tiene como título sugestivo Doctor del siglo XIX aun contemplando la orina.


Mujer portando una redoma representando a la medicina (entre 1716 y 1718). Escultura de piedra. Edificio histórico de la Universidad de Valladolid (España)

El edificio histórico de la Universidad de Valladolid, de estilo barroco, fue obra del arquitecto fray Pedro de la Visitación y fue levantado entre 1716 y 1718. La estatua, que representa la disciplina universitaria de la Medicina, se compone de una mujer portando una redoma de orina en su mano derecha que asciende hasta el nivel de sus ojos en posición de examen. Esta escultura se encuentra situada en la vertiente derecha y superior de la fachada principal del edificio, elevándose sobre una columna.


San Cosme practicando la uroscopia (finales del siglo XVIII). Escultura de madera policromada de artista español desconocido. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Esta escultura de madera, que representa a San Cosme inspeccionando un frasco de orina sostenido en su mano derecha y portando un libro en su mano izquierda, está tallada en una sola pieza de madera, pintada y chapada en oro, con unas dimensiones generales de 27,0x13,2x8,5 cm y un peso de 814 g. El acabado es de gran belleza y es obra de un artesano español desconocido que sigue el estilo propio de la imaginería tradicional hispana.


Egbert van Heemskerck III. La visita del médico (c. 1725). Óleo sobre lienzo de 62,5x75,9 cm. Tate Gallery, Londres (Reino Unido)

Egbert van Heemskerck III es el descendiente de una saga de pintores originaria de Haarlem, especializados en pinturas de género, que se establecieron en Londres en la década de 1670. En esta obra, el pintor más joven de la familia escenifica el tema de la visita médica siguiendo un estilo muy similar a sus antecesores. Un enfermo yace en cama con un aspecto moribundo mientras que un médico le toma el pulso con su mano derecha al mismo tiempo que con la izquierda eleva un frasco de orina para someterla a su examen. Al otro lado de la cama varios familiares se alinean mostrando gran desasosiego ante la gravedad de la situación. En el pie de cama, un sacerdote ha sido requerido para bendecir al agonizante. A su lado, un adolescente arrodillado reza por su salvación. Detrás del médico un niño, ajeno a la desgracia, está entretenido con el juego.


Willem Joseph Laquy. Médico o alquimista examinando un frasco de orina en una ventana (1780). Óleo sobre lienzo de 47x39 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

En esta pintura, el pintor alemán Laquy plasma la escena detrás una falsa ventana, un patrón muy al gusto de los pintores neerlandeses del siglo anterior. El médico o alquimista examina la orina dirigiendo el frasco hacia el punto de luz que proviene de la ventana ayudándose de la consulta de un libro que está abierto. El gesto complaciente del erudito, que se acompaña del ademán de señalar hacia arriba con el dedo índice de su mano izquierda, parece dar muestra de haber llegado ya a un diagnóstico de convicción.


Franz Christoph Janneck. El alquimista médico (c. 1750). Óleo sobre metal de 32,9x23,7 cm. Science History Institute, Filadelfia (EE. UU.)

Janneck retrata a un alquimista o curandero, con sencilla vestimenta, que está examinando orina de un frasco que sostiene con su mano derecha, apoyando su antebrazo izquierdo sobre un libro abierto depositado encima de la mesa. La paciente, una mujer añosa, permanece sentada a su lado en espera del diagnóstico. En primer plano, el ayudante del práctico atiende un horno donde se está llevando a cabo una destilación. En el suelo hay un mortero, libros, cristalería y un manuscrito con símbolos alquímicos.


Justus Juncker. Médico examinando un frasco de orina (1753). Óleo sobre tabla de 46x55 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

Un médico sentado en la mesa de su consultorio inspecciona el frasco de orina de la paciente que permanece en pie a la espera del diagnóstico. Otra enferma aguarda a ser atendida en el umbral de la puerta de entrada. Una fuerte bocanada de luz natural entra por la ventana facilitando el examen de orina. Sobre la mesa se agrupan varios libros, uno de ellos abierto sobre el atril para su consulta. En la pared cuelgan varios cuadros de retratos, una jaula con un jilguero y un cesto de mimbre. En el suelo hay más libros, un mortero y varias jarras.


Willem Joseph Laquy. Mujer en una farmacia con una canastilla transportadora del frasco de orina junto a un mono sosteniendo un frasco de orina (c. 1780). Óleo sobre lienzo de 47x39 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

En esta pintura, Laquy también recurre a enmarcar la escena en una ficticia ventana en forma de arco. El cuadro está basado en una obra de Jacob van Toorenvliet y representa el interior de una farmacia repleta de frascos con medicamentos colocados a lo largo de las estanterías. Una mujer se inclina sobre una mesa apoyando su antebrazo derecho en una cesta de mimbre y, en proximidad, se sitúa una redoma con su orina. La mujer dirige su incierta mirada sobre un mono sentado en una mesa contigua que, con aspecto burlón, sostiene un frasco de orina en posición invertida sugiriendo que ha vaciado su contenido al suelo. En el momento que se realiza esta pintura, la uroscopia ya ha caído en total descrédito y, por tanto, se representa con frivolidad.


Johann Christian Friedler. Examen de la paciente (primera mitad del siglo XVIII). MNM-Semmelweis Orvostörténeti Múzeum, Budapest (Hungría)

Friedler fue un pintor alemán especializado en los retratos de personajes adinerados y nobles siguiendo un estilo clásico. En escenas de interior solía emplear la técnica del claroscuro, al modo de los pintores neerlandeses del siglo XVII. En la presente pintura se observa a un médico de pie tomando el pulso a una joven paciente de clase alta, a la vez que con su mano derecha eleva un frasco de orina para su examen en dirección a la luz de la ventana. La paciente permanece sentada dirigiendo su confiada mirada al médico en espera de la emisión del diagnóstico. Sobre la mesa hay una vela, una pluma en un tintero, una taza y una tetera.


Autor desconocido. Médico examina una muestra de orina en la que se observa una figura tenue de un bebé (1826). Acuarela sobre papel de 26,5x29,7 cm. Wellcome Collection, Londres (Reino Unido)

En esta ilustración se observa a un médico sentado en la mesa de su consultorio que está examinando un frasco con la orina perteneciente a la mujer joven, en donde se atisba la figura de un embrión, signo inequívoco de confirmación de embarazo. Ante el diagnóstico de una gestación no deseada, la paciente se lamenta y llora desconsoladamente. La madre se muestra muy enojada y la regaña enérgicamente. Tras la puerta entreabierta de la consulta se esconde un hombre joven, posible pareja de la embarazada, atento a todo lo que está aconteciendo en el interior. Para el siglo XIX, la uroscopia deja de tener todo el crédito científico para el diagnóstico de enfermedades quedando limitada a consultas más banales.




Bibliografía recomendada

-Alpers S. El arte de describir. El arte holandés en el siglo XVII. Madrid: Herman Blume; 1987.

-Angulo J. El festín de Baltasar en los beatos visigodo-mozárabes podría serla primera representación de la uroscopia en el arte hispánico. Historia Urológica Hispánica 2025; 4:71-85.

-Bettmann OL. A pictoral history of medicine. Springfield: Thomas CC; 1956.

-Connor H. Medieval uroscopy and its representation on misericords. Part I. Clin Med 2001; 1:507-9.

-Connor H. Medieval uroscopy and its representation on misericords. Part II. Clin Med 2002; 2:75-7.

-Desnos E. Histoire de l'urologie. Paris: Doin; 1914.

-Díaz-Gito MA. Escrito en el lienzo: Ovidio y el billete de amor en La enferma de amor de Jan Steen, pintor holandés del Siglo de Oro. ETF 2020; 8:417-40.

-Fine LG. Circle of urine glasses: Art of uroscopy. Am J Nephrol 1986; 6(4):307-11.

-García-Nieto V. La uroscopia en España. A propósito de una imagen custodiada en el monasterio de Santa María de la Vid de Burgos. Cuad Hist Pediatría Esp 2019; 17:5-15.

-Gardner Jr KD. The art and gentle science of pisse-prophecy. Hawaii Med J 1971; 30:166-9.

-Grape-Albers H. Spätantike bilder aus der welt des arztes: medizinische bilderhandschriften der spätantike und ihre mittelalterliche überlieferung. Wiesbaden: Pressler; 1977.

-Holländer E. Die medizin in der klassichen malerel. Stuttgart: Enke; 1903.

-Holländer E. Die karikatur und satire in der medizin. Stuttgart: Enke; 1905.

-Holländer E. Plastik und medizin. Stuttgart: Enke; 1912.

-Hüppauf B, Weingart P. Science images and popular images of science. London-New York: Routledge; 2007.

-Janson HW. Apes and ape lore in the Middle Ages and Renaissance. London: Warburg Institute; 1952.

-Kiefer JH. Uroscopy: The artist’s portrayal of the physician. Bull NY Acad Med 1964; 40(10):759-66.

-Lancina Martín JA. La uroscopia. Primera prueba documentada en la historia de la medicina para el diagnóstico de las enfermedades [Internet]. Urología e Historia de la Medicina. 2026 [citado el 04/05/2026]. Disponible en: https://drlancina.blogspot.com/2026/01/uroscopia.historia.html.

-Lindgren U. Die artes liberales in antike und mittelalter: bildungs- und wissenschaftsgeschichtliche entwicklungslinien. München: Institut für Geschichte der Naturwissenschaften; 1992.

-López-Ríos F. Arte y medicina en las misericordias de los coros españoles. Salamanca: Junta de Castilla y León; 1991.

-MacKinney LC. Medical illustrations in medieval manuscripts. Berkeley: University of California Press; 1965.

-Marketos SG, Diamandopoulos AA, Voyiatzaki E. Limits in the studies of the art of uroscopy: the Byzantine example. Am J Nephrol 1994; 14(3):239-45.

-Murphy LJT. The art of uroscopy. Med J Aus 1967; 2(1):879-86.

-Murray P. Medieval medical miniatures. London: The British Library and University of Texas Press; 1984.

-Peters H. Der arzt und die hellkunst in der deutschen vergangheit. Lelpzig: Dlederichs; 1900.

-Rodríguez-Gómez R. Uroscopia y arte en la medicina medieval y renacentista. Salud UIS 2024; 56:e24033.

-Rodríguez-Gómez R. Uroscopia y arte en el siglo XVII. Acta Med Colomb 2025; 50(2):1-5.

-Schadewaldt H, Binet L, Maillant C, Veith I. Kunst und medizin. Köln: DuMont Schauberg; 1967.

-Schummer J, Spector TI. The visual image of chemestry: Perspectives fron the history of art and science. HYLE 2007; 13(1):3-41.

-Vieillard C. L'urologie et les médecins urologues dans la médecine ancianne. Paris: de Rudeval; 1903.

-Von Zglinicki F. Die uroskopie in der bildenden kunst. Eine kunst- und medizinhistorische untersuchung über die harnschau. Darmstadt: GIT-Verlag Giebeler; 1982.

-Wilcox RA, Whitham M. The symbol of modern medicine: Why one snake is more than two. Ann Intern Med 2003; 138:673-77.

-Zotter H. Antike medizin: die medizinische sammelhandschrift Cod. Vindobonensis 93 In lateinischer und deutscher sprache. Graz: Akadademische Druck- u. Verlagsanstalt; 1980.





Como citar este artículo:


Lancina Martín JA. La uroscopia en el arte [Internet]. Urología e Historia de la Medicina. 2026 [citado el día/mes/año]. Disponible en: https://drlancina.blogspot.com/2026/05/la-uroscopia-en-el-arte.html


No hay comentarios:

Publicar un comentario