Los espectaculares descubrimientos de
agentes anestésicos que se produjeron en la mitad del siglo XIX, fundamentalmente en
EEUU y el Reino Unido, fueron conocidos muy pronto en España en donde surgió un
verdadero entusiasmo por su experimentación y uso clínico. Aunque se comenzaron a ensayar en muchas ciudades
españolas, casi de forma simultánea, cabe destacar la actividad y el impulso desarrollado en Madrid, Barcelona
y Santiago de Compostela.
Anestesia inhalatoria con éter sulfúrico
La demostración exitosa del éter sulfúrico como anestésico por William Morton el 16 de octubre de 1846 en el Hospital General de Massachusetts de Boston se difundió muy rápidamente por Europa, entrando primeramente la noticia por Londres y difundiéndose después por Francia, Bélgica, España y Alemania, los primeros países del continente en experimentar la novedad. Diego de Argumosa, catedrático de Cirugía en la Facultad de Medicina de Madrid, realizó el primer ensayo clínico en España con anestesia etérea el 13 de enero de 1847 a un paciente para drenaje de un absceso parotídeo. Entre el 13 y 26 de enero de 1847, Argumosa realizó cinco ensayos con el éter valiéndose para su administración del inhalador diseñado por William Herapath, pero con unos resultados que no le satisficieron plenamente. Estos primeros ensayos quedaron bien reflejados en la prensa médica y de información general, tanto de Madrid como en el resto de España. Oliverio Mechechan, un odontólogo americano residente en Madrid, fue el segundo que utilizó éter en España, a finales del mes de enero de 1847, ensayándolo en pacientes sometidos a extracción dentaria en los que consiguió buenos resultados.
Después de estos ensayos iniciales,
transcurrirían bastantes días hasta una nueva aplicación del éter sulfúrico.
Este lapso parece indicar que los cirujanos deseaban experimentar más
detenidamente los problemas que planteaba la anestesia etérea, a la espera de
las noticias que iban llegando del extranjero especialmente de París y Londres,
y buena prueba de ello fue el inusitado interés de los cirujanos en
autoexperimentar el anestésico y su uso en voluntarios, principalmente en
estudiantes de Medicina. En Barcelona se experimenta por primera vez con perros
en la segunda quincena de enero de 1847 por José Castells, Antonio Mendoza y
otros profesores de la
Facultad de Medicina de aquella ciudad. Fueron, sin embargo,
muy frecuentes las autoexperimentaciones durante el mes de febrero y marzo de
ese año. El químico Antonio Casares de la Universidad de
Santiago de Compostela inhaló éter en el mes de febrero, antes de que José G.
Olivares lo ensayara en un paciente. Más conocidos son los efectuados el 10 de
febrero en la Academia Quirúrgica
Matritense por Mariano Benavente, Ciriaco R. Jiménez, Ulpiano Fernández y
Vicente F. Luengos, con resultados inconstantes. A finales de febrero, J.
Sotos, también experimentó en Madrid con el éter sobre sí mismo. En este mismo
mes de febrero tuvieron lugar otros autoexperimentos en Madrid con un grupo de
estudiantes voluntarios, llegando a alcanzar un estado soporífico más o menos
agradable y con pérdida de la sensibilidad. En Motril (Granada), también
durante ese mes de febrero, Francisco Salo y otros efectuaron algunos
experimentos en sí mismos; como también Pedro Arosamena, de la Universidad de
Granada, el 4 de abril de 1847. En el mes de marzo, también fueron realizados
otros nuevos autoexperimentos en la
Facultad de Medicina de Madrid.
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Mariano Benavente realizó en Madrid autoexperimentaciones con éter y cloroformo durante el año de 1847 |
El aparato para la administración del
éter fue considerado de gran importancia y muchos de los fracasos de anestesia
ocurridos en los primeros ensayos se atribuyeron a sus imperfecciones. En
España, lo mismo que sucedió en muchos otros países, el aparato inicialmente
utilizado fue el inhalador de William Herapath, consistente en una vejiga
urinaria de animal (cerdo o vaca) disecada, que contenía el éter, y a la que se
acoplaba un tubito de cristal fuertemente unido por el que se aspiraban los
vapores etéreos. Sin embargo, el grado de satisfacción con este aparato fue
bajo y muy pronto comenzaron a diseñarse nuevos modelos. Los propuestos por
Lüer, Charrière y Faraday, con ligeras modificaciones, fueron mejor aceptados. Algunos
cirujanos españoles incluso diseñaron su propio aparato, como así hicieron
Argumosa, San Martín y Ruíz Jiménez de Madrid, Salo y Pintor de Motril, y
Shorliph de Málaga. La técnica de inhalación del éter fue muy debatida en
España, estando algunos a favor del método bucal, mientras que otros proponían
la vía nasal. Esta polémica quedó bien reflejada en el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, y en Anales de Cirugía de los meses de abril y mayo de 1847, en las que
tuvo una intervención destacada Mariano Benavente.
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Inhalador de Charrière que fue utilizado frecuentemente en las primeras anestesias etéreas realizadas en España |
El tercer cirujano que usó el éter en
España con fines clínicos fue Antonio Mendoza, catedrático de Anatomía
Quirúrgica en la Facultad
de Medicina de Barcelona, el 16 de febrero para la amputación de una pierna a
una paciente y que, pese al aceptable resultado, se vio empañado por su
fallecimiento al día siguiente por causas no directamente atribuibles al
procedimiento anestésico. El 11 de julio realiza un segundo ensayo con una niña
de 11 años a la que practica la amputación de un brazo sin que experimentara
dolor alguno. Mendoza vuelve a salir en medios de comunicación después de haber
efectuado otra eterización el 26 de noviembre de ese año a otro niño de 11 años
para amputarle una mano, utilizando esta vez un inhalador de diseño propio. Antonio
Sáez, cirujano del Hospital General de Madrid, utilizó el éter el 19 de febrero
para la extirpación de un gran tumor de mama a una paciente. Este mismo
cirujano volvería a aplicar el anestésico el 21 de mayo a un niño de 13 años
para una cirugía sobre las vías lacrimales. José Martín, catedrático de Clínica
Quirúrgica de la Facultad
de Medicina de Madrid, amputó un brazo a un paciente que hizo inhalar los
vapores etéreos, aunque sin buenos resultados. El sexto cirujano que usó el
éter en España fue José G. Olivares, catedrático de la Facultad de Medicina de
Santiago de Compostela, posiblemente el 22 de febrero de 1847, para la
extirpación de un pólipo nasal. Entre el mes de febrero y mayo realizó 14
eterizaciones publicando sus resultados en el mes de julio sin que lograran
satisfacerle, a pesar de que muchos de sus ensayos fueron exitosos, y solo lo
recomendaba para determinados casos, como para la reducción de fracturas o
luxaciones.
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Antonio Mendoza Rueda (1811-1872). Catedrático Anatomía Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Barcelona que fue pionero en España en el uso de la anestesia tanto etérea como clorofórmica |
El 25 de febrero de 1847 el cirujano
Saturnino Lizárraga, de Pamplona, practica la amputación de un miembro inferior
con inhalación de éter por vía nasal. Tres días más tarde Capdevilla, también
en Pamplona, utiliza el anestésico para otra amputación pero con malos resultados.
El 26 de febrero de 1847 J. Sotos, en Madrid, informa de dos operaciones
efectuadas en estado de insensibilidad completa por aplicación de inhalación
nasal de éter. En la ciudad de Ronda (Málaga) Nicolás Sánchez utiliza el agente
anestésico, posiblemente ya a finales de febrero, para la reducción de una
fractura a una joven, pero sin conseguir una buena anestesia. En Motril
(Granada), Francisco Salo realizó anestesia etérea con éxito el 27 de febrero
para la extirpación de un tumor mamario, repitiendo el procedimiento el 2 de
marzo en dos pacientes, y el 19 de marzo en otro paciente, quedando muy
satisfecho por los resultados obtenidos. Con posterioridad José Calvo, en la Clínica Quirúrgica
de la Facultad
de Medicina de Madrid, usó el éter el día 1 de marzo en dos operaciones, una
amputación de mano y un desbridamiento de fístula, sin conseguir apenas efecto
alguno. En Barcelona, el 19 de marzo de 1847, Federico Zulueta realizó una
amputación de muslo con aplicación exitosa del éter. El 1 de abril Román
Monteagudo en Madrid practica con éxito la amputación del dedo de una mano
usando narcotización etérea. Ese mismo mes de abril Manuel Juanillo realizó en
Sigüenza la amputación de los dos miembros inferiores a un joven con inhalación
etérea pero sin conseguir buen resultado.
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Antonio Sáez. Cirujano del Hospital General de Madrid que empleo éter sulfúrico el 19 de febrero de 1847 para la extirpación de un gran tumor de mama |
El 10 de mayo de 1847 Manuel Ortigón
amputó el miembro a una joven en La Moraleja usando éter de inhalación bucal
obteniendo resultados satisfactorios. El 27 de mayo Rafael Gorria en el
Hospital Militar de la
Victoria de Málaga, ensayó el éter en un soldado que tenía herida
de bala en una mano, siendo administrado con el aparato diseñado por Shorliph,
con buenos resultados. En Gerona, Pedro Casellas el 8 de agosto intentó, sin
obtener resultado alguno, la anestesia etérea a una paciente para la amputación
de una pierna. En Cádiz, el éter fue usado por primera vez el 12 de agosto de
1847 por José Mª G. Bustamante e Ignacio Ameller para una extracción dental
aplicándolo con el aparato de Charrière. En septiembre de 1847 se premia por la Academia Esculapio
de Madrid a Basilio San Martín por la presentación de un trabajo con 53 casos
de eterización. En octubre de 1847, Vicente Guarnerio realiza en Santiago de
Compostela la amputación de la lengua de un paciente profundamente eterizado,
que tardó bastante tiempo en despertar después de ser operado. El último caso
publicado con anestesia etérea en España, durante el año de 1847, corresponde a
Eusebio Morales del Hospital General de Madrid a un paciente al que practicó la
amputación de una pierna.
Como hemos visto, la eterización fue
conocida y empleada muy pronto en España después de las primeras experiencias
en el Hospital General de Massachusetts de Boston. La técnica se extiende con
profusión aunque no son muchos los casos clínicos publicados. La revista Anales de Cirugía es la primera en dar
noticias de los primeros ensayos clínicos. Los cirujanos españoles siguen
estrechamente las informaciones que a nivel mundial van apareciendo sobre los
resultados de la eterización y de sus complicaciones. Se siguen especialmente
las noticias que provienen de Francia, así como las discusiones habidas en el
seno de sus academias médicas. En este sentido cabe destacar el esfuerzo de la
revista médica La Abeja Médica de Barcelona,
al publicar en sus páginas los resúmenes de los debates celebrados en las Academias
de Ciencias y de Medicina de París durante el año 1847.
Del reducido número de publicaciones
de autores españoles que aportaron experiencia propia con anestesia etérea destacan
los trabajos de José G. Olivares de Santiago de Compostela y de Basilio San
Martín de Madrid, que presentan las estadísticas más importantes publicadas en
España durante el año 1847. Olivares informó en julio de 1847 de 14
eterizaciones efectuadas en su clínica de la Facultad de Medicina
compostelana. Esta publicación tiene una gran importancia histórica, no sólo
por la casuística sino por las propias conclusiones que derivan de sus
resultados, mostrando cierto escepticismo sobre la universalización del método.
San Martín fue galardonado, como hemos comentado, en septiembre de 1847 por la Academia de Esculapio de
Madrid por la memoria presentada ¿En qué
procederes operatorios tiene más desventajas que utilidades la inhalación del
éter sulfúrico?, que no llegó a ser publicada, y según Blasco Reta refería
53 observaciones de eterización, de las que 16 eran autoexperimentos efectuados
por el autor. En 1847 también fueron publicadas dos monografías sobre el éter,
una de Eduard E. Burgiéres en Cádiz y otra de Juan V. Hedó en Valencia. En
ellas se refieren muchos de los primeros ensayos y experimentos realizados en
París a comienzos del año, pero sin aportar experiencia clínica personal.
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Publicación Estudios estadísticos y críticos sobre la eterización de E. Burgiéres (Imp. José María Ruiz, Cádiz, 1847) que fue una de las primeras monografías escritas en España sobre anestesia |
Los cirujanos españoles tomaron la
novedad con mucha cautela, lo que dificultó un uso más amplio del anestésico.
Los resultados no fueron, en general, muy alentadores. A finales de ese mismo
año de 1847, el éter sería totalmente desplazado por el cloroformo, al
contrario que en otros países en que se mantuvo cierta fidelidad. Así, la
aceptación del éter en España fue muy dispar pues como se comentaba en las
páginas de Anales de Ciencia “unos profesores lo reciben con entusiasmo,
otros con indiferencia y timidez, algunos con cierta credulidad, otros con
escepticismo, aquellos con desconfianza”. Durante la segunda mitad del
siglo XIX prácticamente nadie usaba el éter en España, y no sería hasta el
final de esa centuria cuando algunos cirujanos, cansados ya de tantas
complicaciones con el cloroformo, decidieron volver a utilizarlo.
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Publicación Análisis de cuanto se ha dicho sobre el éter de Juan Vicente y Hedó (Imp. Presidio, Valencia, 1847) que también fue de las primeras monografías publicadas en España sobre anestesia |
Cabe destacar que el éter fue
estudiado ampliamente en España, no solamente en el ámbito del laboratorio, para
conseguirlo más fácilmente con el mayor grado de pureza, sino en
experimentación en animales y en numerosos autoexperimentos. Los mecanismos de
acción del éter, sobre la hemostasis y la inervación, fueron estudiados muy
pronto, así como el modo de obrar del vapor de éter mezclado con el aire
inspirado. Asimismo, cabe destacar el interés de los cirujanos para conseguir
un aparato para la fácil y adecuada administración del anestésico poniendo a
prueba su capacidad imaginativa y creadora. Las aportaciones españolas fueron
interesantes y lograron alcanzar una gran difusión. La técnica de
administración del éter fue también una cuestión muy debatida. Muchos
rechazaron el método de administración continua durante toda la operación, en
la creencia de que era suficiente la administración en la fase inicial o
inducción. Pero todavía fue más debatido el dilema de administrar el éter por
la vía nasal o bucal.
Se puede concluir diciendo que los
cirujanos españoles, al igual que sucedió en otros países, no supieron hacer
una valoración de los resultados obtenidos en sus primeros ensayos, muchas
veces considerados por ellos mismos como no satisfactorios, pero que hoy serían
tomados como aceptables; ya que hay que distinguir entre anestesia completa,
con pérdida total de la conciencia y relajación muscular, y un estado de
analgesia sin afectar significativamente el estado de conciencia y actividad
muscular.
Anestesia
inhalatoria con cloroformo
Las primeras experiencias realizadas
con cloroformo por James Y. Simpson, profesor de Obstetricia en Edimburgo, en
noviembre de 1847 resultan exitosas, extendiéndose el nuevo anestésico
rápidamente por Gran Bretaña y por todo el mundo. El día 20 de ese mes es
también utilizado por el cirujano William Fergusson en el hospital St. Bartholomew
de Londres. La prensa médica y diaria inglesa da una gran difusión a estos
primeros ensayos y, ya en los últimos días de noviembre de 1847, el
descubrimiento de la anestesia clorofórmica había llegado a todos los países
europeos.
A finales de noviembre de 1847, las
noticias de las primeras experiencias con la anestesia clorofórmica por Simpson
y Fergusson llegan a España por la prensa médica y de información general
inglesa y francesa. El diario El
Barcelonés de Barcelona y El Español
de Madrid dan las primeras informaciones los días 27 de noviembre y 3 de
diciembre respectivamente de ese año. Las primeras revistas médicas que dan
cuenta de tal acontecimiento son El
Telégrafo Médico de Barcelona y la Revista de Ciencias Médicas de Cádiz el mismo
mes de noviembre. Las ciudades que tomaron la iniciativa fueron Santiago de
Compostela, Barcelona y Madrid.
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Hospital Real de Santiago de Compostela. Este hospital fue de los primeros en España en realizar ensayos con éter y cloroformo por el decisivo impulso de Vicente Guarnerio y José G. Olivares |
En Santiago de Compostela, las
primeras noticias se reciben posiblemente a finales del mes de noviembre de
1847 por medio de la prensa diaria francesa. Vicente Guarnerio, catedrático de
Clínica Quirúrgica en la
Facultad de Medicina de Santiago, reconoce que se informó del
hecho por el periódico parisino El Diario
de los Debates del día 24 de noviembre, que leyó el 4 de diciembre. Antonio
Casares, catedrático de Química y a la sazón rector interino de la Universidad
compostelana, consigue obtener una pequeña cantidad de cloroformo, precisamente
por un método muy similar al que había propuesto Eugène Soubeiran en Francia. La
noticia es recibida con gran interés por los profesores de la Universidad iniciando,
desde el primer momento, una intensa actividad investigadora, tal vez no
igualada en otro lugar de España, lo que les llevará a ser los primeros en
experimentar sus efectos. Todos estos ensayos fueron rápida y ampliamente
difundidos en la prensa médica y de información general española.
Antonio Casares consigue obtener una
suficiente cantidad de cloroformo, y el día 19 de diciembre reúne en su
laboratorio a los profesores Vicente Guarnerio, José G. Olivares y Andrés de Laorden.
En su presencia aplica el cloroformo a un perro con buenos resultados.
Posteriormente, Casares ensaya consigo mismo sintiendo al medio minuto de
aplicación una relajación muscular completa y un estado de insensibilidad y
adormecimiento, sin pérdida total de la consciencia, con recuperación
progresiva de la sensibilidad a los 6 minutos aunque con persistencia de un
embotamiento general que duró unos 20 minutos.
Después de esta fase experimental inicial,
al día siguiente, el 20 de diciembre, Guarnerio realiza la primera intervención
con anestesia clorofórmica en su clínica quirúrgica del Hospital Real de
Santiago a un paciente de 62 años afecto de un cáncer de pene al que practica
una amputación parcial sin que note dolor alguno, publicando su experiencia en la Gaceta
Médica editada el día 30 de diciembre. Con posterioridad,
entre el 20 y 24 de diciembre de 1847, José G. Olivares, catedrático de
Enfermedades de la Mujer
y de los Niños de la Facultad
de Medicina de Santiago, también ensayó el cloroformo en el mismo Hospital
Real, según se desprende de un escrito suyo publicado el 2 de enero de 1848 en
el Boletín de Medicina, Cirugía y
Farmacia, aplicando el procedimiento anestésico con éxito primeramente a una
paciente de 35 años a la que práctico exéresis de un cáncer de mama con vaciamiento
ganglionar axilar, sin precisar exactamente el día exacto en que lo realiza. El
día 24 del mismo mes, ahora sí hay precisión en la fecha, aplicó por segunda
vez el cloroformo a un paciente con cáncer de pene al que practicó amputación
parcial, consiguiendo un resultado tan satisfactorio que llegó a afirmar que “por este medio se llega indudablemente a
alcanzar lo que después de siglos se buscó con empeño”. Esta impresión tan
favorable de Olivares con el cloroformo contrasta notablemente con la más
desfavorable que tuvo previamente con el uso del éter sulfúrico. A partir de estos
éxitos iniciales, el cloroformo sería utilizado con profusión en las clínicas
quirúrgicas del Hospital Real de Santiago según se desprende de lo manifestado
en distintas publicaciones en la Revista Médica
de Santiago por los profesores Andrés de Laorden, Manuel Pintado, Juan
Magaz y el propio José G. Olivares.
A pesar de la vaguedad con que se
expresa Olivares respecto a la fecha en que realiza su primera intervención con
anestesia clorofórmica, parece que fue Guarnerio el que lo aplicó primeramente
a tenor de la documentación de que se dispone. Juan G. Baeza, ayudante de
Guarnerio, dice claramente en sus publicaciones en la Revista
Médica de Santiago
que fue su maestro el primero en aplicar el cloroformo. El propio decano de la Facultad de Medicina de
Santiago, José Varela de Montes, certifica esta circunstancia en sus escritos. La
expectación que levantó la intervención que realiza Guarnerio, con asistencia
de varios profesores a la sala quirúrgica (de Laorden, Pintado, La Riva , Teijeiro y otros) y de
numerosos alumnos, dibuja un escenario reservado solo para los grandes
acontecimientos. El mismo Olivares no intenta en ningún momento, en sus
múltiples escritos, desmentir estos hechos ni tampoco manifestar que fue él el
primero en utilizar el cloroformo.
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Revista La Abeja Médica donde Antonio Mendoza publicó su primera experiencia con el uso de cloroformo el día 20 de diciembre de 1847 para una amputación supracondílea |
Por otra parte, Antonio Mendoza,
catedrático de la Facultad
de Medicina de Barcelona, también utilizó el cloroformo, preparado por el
farmacéutico Francisco Doménech, el mismo día 20 de diciembre de 1847, según él
mismo refiere en una publicación en La Abeja Médica ,
para realizar una amputación de muslo a una paciente que padecía un sarcoma de
rodilla consiguiendo una total insensibilidad. El día anterior había realizado
un ensayo previo en un perro con resultados satisfactorios. No obstante, la
mayoría de las informaciones que surgieron no dudan en reconocer que fue en
Santiago donde se realizaron las primeras experiencias, siguiendo un método
científico que fue debidamente documentado y difundido. En la hoja de servicios
del profesor Guarnerio, localizada en la Universidad de Granada, consta lo siguiente: “En 1847 (...) fue el primero en España que
ensayó y practicó un hecho que tuvo lugar en la Facultad de Medicina de
Santiago, con la asistencia de muchos médicos, de lo que se ocupó la prensa”.
En el periódico científico madrileño La Verdad ,
editado por Pedro Mata, catedrático de la Universidad de Madrid,
el día 8 de enero de 1848, bajo el título Cloroformo,
se escribe lo siguiente: “Son cada día
más satisfactorios las noticias de los segurísimos efectos anestésicos
producidos por esta sustancia. Los ensayos practicados en España confirman en
sus resultados los de otros países de que tienen ya conocimiento nuestros
lectores. A la Facultad
de Santiago, que a pesar del corto tiempo de creación, tiene sobrados títulos
adquiridos para su celebridad, cabe también la gloria de haber sido la primera
en ensayar en nuestra patria el uso del cloroformo”. Asimismo, el periódico
madrileño El Espectador, de
información general, publica el día 3 de febrero de 1848 una amplia nota
titulada Efectos del cloroformo donde
se escribe: “Cabe la gloria a la Facultad de Medicina de
Santiago de haber sido la primera en la península en apreciar los maravillosos
efectos del cloroformo”.
En la sesión de la Real Academia de
Barcelona del 15 de enero de 1848, Mendoza da cuenta de un segundo caso de
cloroformización en una paciente con luxación de tobillo. En esta misma sesión,
José Castells informa del uso del cloroformo en un anciano de 72 años con respuesta
parcial al emplear una baja dosis del anestésico.
En Madrid, las primeras noticias de la
anestesia clorofórmica aparecen en la Gaceta Médica
del día 10 de diciembre de 1847. Merino y Diego Lleget consiguen obtener las
primeras preparaciones de cloroformo los días 15 y 25 de diciembre
respectivamente. El 26 de diciembre Basilio San Martín, Mariano Benavente y
Lázaro Saralegui realizaron una serie de autoexperimentos, que repitieron el
día 28 Carrasco y Tragó. Pérez Flor experimenta con animales manifestando que
el cloroformo es poco ofensivo manejado en manos expertas. A partir de estos
buenos ensayos experimentales, sería Bonifacio Blanco del Hospital General quien
utilizaría por primera vez el cloroformo en la clínica, el día 30 de diciembre
de 1847, para la dilatación de una fístula de ano a un joven de 19 años. En el
mes de febrero del siguiente año, vuelve a utilizar el agente anestésico hasta
en 13 pacientes. El 16 de enero de 1848 José Calvo usa cloroformo para
amputación de una pierna a un paciente de unos 50 años con excelentes
resultados, volviendo a repetir la experiencia en otro paciente en el mes de
marzo. A mitad de enero, Argumosa y Solís efectúan dos operaciones con el
cloroformo con resultados no satisfactorios por defectos técnicos en la
administración del anestésico. Pedro G. Velasco, el día 20 de enero, opera a
una enferma de 30 años por hernia crural estrangulada aplicando, como novedad,
dosis accesorias de cloroformo durante el curso de la intervención. Otros
cirujanos pioneros que usaron la cloroformización en Madrid fueron Eusebio
Morales el 26 de enero para una resección de fémur, que volvería a usar otras
intervenciones el 12 y 16 de febrero; Oliverio Machechan en febrero para una
operación dental; José Díaz el día 10 de febrero para reducir una luxación
escápulo-humeral; P. M. Torre el 21 de febrero para una queiloplastia,
volviendo a usarlo en otros dos pacientes al mes siguiente; Melchor S. de Toca
el 27 de marzo para una amputación de pierna; y Antonio Sáez el 30 de marzo
para un tumor de la pared del abdomen.
José A. Prats, del Hospital Militar de
Zaragoza, usa el cloroformo el 24 de enero de 1848 para la amputación de un
metatarsiano. Su colega José Marqués también lo emplea para desbridar un
adenoflemón inguinal. El cirujano Francisco Martínez, del Hospital de la Caridad de Cartagena, el
28 de enero realiza dos amputaciones en las que usó anestesia clorofórmica. Mañas
y Ciruelo, del Hospital General de Zaragoza, publican tres casos de
cauterización de extensas úlceras realizadas bajo anestesia clorofórmica en el
mes de febrero, llamando la atención el tiempo de hasta 9 minutos que
precisaron para conseguir la completa anestesia.
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Publicación Memoria del Cloroformo de Emilio Pi y Molist que fue galardonada por la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona en 1849 |
Emilio Pi y José A. Reynés resultan
premiados en sendas monografías sobre el cloroformo presentadas al premio
convocado por la Real
Academia de Medicina de Barcelona, con fallo del 15 de
diciembre de 1849. La monografía de Pi reúne 66 ensayos realizados por distintos
cirujanos, de los cuales solamente 9 son españoles. Otras monografías de
interés son la escrita por José A. Prats en 1851 con una estadística propia de
20 pacientes, y otra por Román Vizcarro en 1853 que recoge unas 80
observaciones de la clínica quirúrgica de Antonio Mendoza.
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Román Vizcarro Tomás que publicó Memoria sobre el cloroformo, éter y demás medios insebilizantes en 1853 donde recoge unas 80 observaciones de la clínica quirúrgica de Antonio Mendoza |
A partir de estos ensayos iniciales,
con resultados satisfactorios, el cloroformo consigue desplazar totalmente al
éter sulfúrico, que había sido introducido sólo unos meses antes, siendo
utilizado prácticamente como único agente anestésico durante una buena parte de
la segunda mitad del siglo XIX.
Anestesia
inhalatoria con óxido nitroso
El óxido nitroso o protóxido de ázoe fue
el primer gas conocido al que se reconocieron sus propiedades anestésicas. El
fracaso de la demostración pública realizada el 15 de enero de 1845 por Horace
Wells en el Hospital General de Massachusetts de Boston, debido a errores
técnicos en su administración, retrasará su incorporación a la práctica clínica
hasta que Gardner Q. Colton en 1863 consiga demostrar sus excelentes prestaciones
como agente anestésico, difundiéndose su uso rápidamente por todo el mundo.
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Cartel publicitario del dentista catalán José Meifrén y Alfaras que fue el primero en España en la utilización de óxido nitroso para anestesia en el año 1868 |
Las primeras noticias que se
publicaron en la prensa médica española sobre el óxido nitroso datan de 1866,
siendo los odontólogos de Cataluña los que tuvieron un papel determinante en su
introducción. El primero en utilizarlo fue el dentista José Meifrén en
Barcelona, que aprendió la técnica en una visita a París, y empezó a utilizarlo
de forma habitual en sus pacientes a partir de 1868. Posteriormente publicó un
folleto ese mismo año que recogía el dictamen de la Academia de Medicina y
Cirugía de Barcelona conjuntamente con el emitido por una comisión especial del
Colegio de Farmacéuticos de Barcelona sobre la anestesia con el protóxido.
Estos comisionados emiten un informe favorable al uso de este anestésico
considerándolo más indicado en intervenciones de corta duración. Con
posterioridad, el dentista de Barcelona Juan B. Barbier utiliza también el
protóxido en su clínica. En Madrid, el odontólogo Dueñas utiliza este agente a
partir de octubre de 1869, aunque dejó de utilizarlo debido al alto coste del
procedimiento para su obtención.
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Esquema
original de la publicación de José Meifrén para solicitar la aprobación del protóxido de ázoe por las autoridades sanitarias de Barcelona |
El protóxido no tuvo una buena
aceptación general en España en sus inicios, y para ello sólo confinado su uso al
ámbito de la Odontología ,
teniendo que competir duramente con el cloroformo que siguió siendo el agente
anestésico preferido por los cirujanos españoles durante varias décadas. Las
limitaciones fundamentales para el uso del óxido nitroso eran, como ya hemos
comentado, las dificultades en su elaboración, conservación y almacenamiento
que ocasionaban unos costes elevados. Pero, a pesar de ello, de los anestésicos
inhalatorios que primeramente fueron empleados, el éter y el cloroformo fueron abandonados
hace ya tiempo mientras que el óxido nitroso aún sigue utilizándose en los
quirófanos de todo el mundo.
Anestesia
local y regional
Antes de la introducción de la
cocaína, Simón R. Bruguera, estomatólogo de Barcelona, en 1864 publica su
experiencia en 37 pacientes con el empleo de una mezcla de cloroformo y
alcanfor como medio para obtener anestesia local en las operaciones bucales,
refiriendo buenos resultados. Dos años después, el mismo Bruguera comienza a
utilizar el éter pulverizado mediante el aparato de Richardson, manifestando
también unos resultados satisfactorios. José de Letamendi, entonces catedrático
de Anatomía de la Facultad
de Medicina de Barcelona, propuso una variante técnica en la aplicación de las
pulverizaciones de éter para conseguir anestesia local consistente en practicar
unos ligeros cortes en la piel con hoja de bisturí para provocar una placa
isquémica que favorecería los efectos anestésicos del éter. Presentó las
conclusiones de su trabajo en el IV Congreso Médico Internacional celebrado en
Bruselas en septiembre de 1875, pero la discutible eficacia del método impidió
su generalización en la práctica quirúrgica.
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Pulverizador
de Richardson que fue utilizado por Simón Bruguera en 1866 para conseguir un
efecto anestésico local mediante pulverizaciones de éter |
Las noticias del descubrimiento de la
anestesia ocular por Carl Köller, mediante la aplicación local de cocaína,
llegaron muy pronto a España. El oftalmólogo de Barcelona Luis Carreras fue el
primero en ensayar el método, publicando sus primeros resultados en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona el 10
de diciembre de 1884 refiriendo resultados satisfactorios. A éste siguen las publicaciones
de José A. Barraquer, Manuel Menacho, Eugenio J. Canal, Manuel I. Osío y Juan
Ristol. También los odontólogos utilizaron la cocaína por inyección local,
destacando los ensayos de Rudesindo Trallero o Esteban Toirán.
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Luis Carreras Aragó (1835-1907). Oftalmólogo catalán primero en España en aplicar cocaína localmente para cirugía ocular publicando sus buenos resultados el 10 de diciembre de 1884 |
El cirujano alemán August Bier
practica el 16 de agosto de 1898 la primera experiencia exitosa de anestesia
raquídea mediante la administración de una solución de cocaína y, casi al mismo
tiempo, el francés Theodore Tuffier ensaya un método similar. Al año siguiente
publican sus resultados en revistas de gran difusión y son presentados en el
XIII Congreso Internacional de Medicina de París en agosto de 1900, lo que
facilita la rápida introducción del procedimiento en todo el mundo.
En España el primer ensayo con
raquianestesia se realiza el 13 de mayo de 1900 por el cirujano Francisco Rusca
del Hospital Sagrado Corazón de Barcelona en un paciente con sarcoma de tibia
que es sometido a amputación del miembro. Rusca publica en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona del 25
de junio de 1900 sus resultados satisfactorios en 16 pacientes. A lo largo de
este mismo año y del siguiente son muchos los cirujanos españoles que ensayan
este nuevo método anestésico como Manuel Barragán en Madrid, L. Colomer y A.
Bellver en Valencia, Patricio Borobio en Zaragoza, José Spreafico en Almería,
Miguel Horta y Enrique Ribas en Barcelona, Claudio H. Ros en Murcia, Luis
Guedea de Madrid, Antonio Raventós en Barcelona o Ricardo Lozano en Zaragoza. A
partir del año 1901 disminuye el número de ensayos debido a los efectos
secundarios que empiezan a comunicarse por la cocaína. La introducción de
nuevos agentes anestésicos, como la estovaína y sobre todo la novocaína, menos
tóxicas e igualmente eficaces que la cocaína, harán de nuevo resurgir la
anestesia lumbar.
A partir de 1914 se destacan tres
grupos en España con el empleo de la anestesia intradural. Uno es el dirigido
por José Mª Bartrina, catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona, con
una experiencia de unos 750 casos, otro por Vicente Sagarra, catedrático de la Facultad de Medicina de
Valladolid, y el otro por Mariano Gómez Ulla, cirujano del Hospital Militar
General de Carabanchel (Madrid).
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Fidel
Pagés Miravé (1886-1923). Cirujano militar aragonés que propuso por primera vez
en el mundo el método de anestesia epidural en el año 1921 |
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Publicación
Anestesia metamérica de Fidel Pagés (Imp. Julio Cosano, Madrid, 1921). Refiere su experiencia personal en 43
pacientes con el nuevo método de anestesia epidural |
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Esquemas originales de la publicación Anestesia metamérica de Fidel Pagés donde señala aspectos técnicos de la anestesia peridural |
La anestesia epidural a través del
hiato sacro fue primeramente experimentada por los franceses Sicard y Cathelin
en 1901. En España, Salvador Gil Vernet, catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de
Barcelona, publica en 1917 su experiencia con la técnica utilizada en 27
pacientes, y en 1918 presenta su tesis doctoral sobre el mismo tema. En 1921,
el cirujano español Fidel Pagés desarrolla una innovadora técnica de anestesia raquídea
introduciendo la aguja en el canal espinal a nivel lumbar o torácico pero sin
llegar hasta el espacio intradural. Posteriormente publica su experiencia con
43 pacientes, pasando a ser conocido este nuevo método como anestesia epidural
o peridural. El cirujano italiano Achille M. Dogliotti publica en revistas
médicas prestigiosas este mismo método anestésico en 1931, sin mencionar el
trabajo previo de Pagés, con lo consigue ser injustamente reconocido como
pionero en el uso de esta técnica a nivel mundial. La anestesia peridural alta
fue utilizada en España por J. M. Martínez Sagarra y J. M. Remetería, publicando
sus trabajos en 1932 y 1934 respectivamente.
Cómo citar este artículo:
Lancina Martín JA. Historia de la anestesia en España [Internet]. Doctor Alberto Lancina Martín. Urología e Historia de la Medicina. 2014 [citado el]. Disponible en: https://drlancina.blogspot.com/2014/05/historia-de-la-anestesia-en-espana.html
Lancina Martín JA. Historia de la anestesia en España [Internet]. Doctor Alberto Lancina Martín. Urología e Historia de la Medicina. 2014 [citado el]. Disponible en: https://drlancina.blogspot.com/2014/05/historia-de-la-anestesia-en-espana.html
Muchas gracias por el artículo. Permítame comentar que uno de los citados, el doctor Basilio San Martín Olaechea fue tatarabuelo mío. Conservo en casa un retrato al pastel de él firmado por B. López en 1878. Pego un enlace por si tiene curiosidad. Cordialmente Teresa Quintana. tquin15@gmail.com
ResponderEliminarhttps://www.dropbox.com/s/b6tekbj6qxe4aj3/2022-11-08%2019.30.08.jpg?dl=0
Gracias Teresa por tu comentario. Agradezco la aportación que me haces sobre el retrato del Dr. Basilio San Martín, tu tatarabuelo. Saludos.
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