Luis
XVI nació el 23 de agosto de 1754 con el nombre de Luis Augusto. Fue rey de
Francia entre 1774 y 1792 tras el fallecimiento de su abuelo Luis XV. Se había
convertido en delfín de Francia por la muerte de su padre, Luis de Francia, y
de sus dos hermanos mayores que le precedían en los derechos dinásticos. Fue el
último monarca francés con poderes absolutos tras el triunfo de la Revolución
Francesa. Con el propósito de aliarse con Austria para poner fin al poderío
creciente de Gran Bretaña y Rusia, decide casarse el 16 de mayo de 1770 con
María Antonieta, archiduquesa de Austria e hija menor de Francisco I, emperador
del Sacro Imperio Romano Germánico, y la emperatriz María Teresa de Austria. La
esposa del delfín fue rechazada desde el principio por la corte francesa, a la
que dieron el apelativo de Perra austriaca. También se ganó gradualmente
la antipatía del pueblo, que la acusaba de derrochadora, presumida, libertina y
de influir a su marido en favor de los intereses austriacos, lo que le valió el
mote de Madame Déficit y Loba austriaca. El matrimonio no fue
consumado hasta siete años después de la boda, cuando la pareja ya había
ascendido al trono, y este retraso fue relacionado con una posible fimosis que
afectaba al rey, aunque también podía haber influido la inmadurez y falta de educación
sexual de la jovencísima pareja. Otras posibles causas invocadas fueron una
cierta aversión inicial de Luis hacia el sexo en consonancia con su
personalidad apática y timorata favorecido, además, por una educación religiosa
estricta y una infancia difícil, como también a la existencia de una disfunción
eréctil por un posible hipogonadismo o diabetes mellitus. Después de varias
consultas médicas y la recomendación de distintas medidas terapéuticas, entre
las que incluye una posible circuncisión, se iniciaron por fin relaciones
conyugales satisfactorias que tuvieron como resultado el nacimiento de cuatro
hijos.
Luis XVI tuvo un reinado convulso debido al déficit económico acumulado por los dos reinados anteriores. El descontento social de las clases media y baja provocó una fuerte oposición a la aristocracia y a la monarquía absoluta, de la que Luis y su esposa se veían como representantes y símbolos de la tiranía del Antiguo Régimen. El aumento de las tensiones estuvo marcado por una serie de disturbios violentos en París, como la toma de la prisión de la Bastilla el 14 de julio de 1789, que obligaron al monarca a reconocer definitivamente la autoridad legislativa de la Asamblea Nacional revolucionaria. La popularidad del rey se deterioró progresivamente después del intento de huida del país en junio de 1791, con perspectivas de buscar apoyos en el extranjero, consumándose así cada vez más la posibilidad de deponer a los reyes y establecer un estado republicano.
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Toma de la Bastilla. Ilustración
de Jean-Pierre Houel (1789). Bibliothèque Nationale de France |
En
un ambiente de caos nacional, provocado por el conflicto civil, Luis XVI fue
arrestado y depuesto el 10 de agosto de 1792. Un mes después, la monarquía fue
abolida y la familia real encarcelada en la torre del Temple. El 21 de
septiembre de 1792 se proclamó la Primera República francesa. El depuesto
monarca fue desacralizado con el nombre de “ciudadano Luis Capeto”, en
referencia a su ancestro Hugo Capeto, y posteriormente juzgado por la
Convención Nacional, que lo declaró culpable de alta traición a la nación
siendo ejecutado en la guillotina el 21 de enero de 1793 cuando contaba con
treinta y ocho años de edad. Nueve meses después de la ejecución de su marido,
María Antonieta también fue juzgada y condenada por traición a pena de muerte
pasando por la guillotina el 16 de octubre de 1793. Así, Luis XVI se convirtió
en el único rey de Francia ejecutado, y con su muerte se dieron por finalizados
más de mil años de dominio monárquico. Tres de sus hijos murieron en la
infancia y únicamente llegó a la edad adulta su hija María Teresa, que fue
entregada a los austriacos a cambio de prisioneros de guerra franceses, y
finalmente murió sin descendencia en 1851. María Antonieta, tras su muerte, se
convirtió en un personaje icónico de la cultura popular. Si bien es cierto que
su comportamiento, considerado como frívolo y superficial, ayudó a aumentar la
agitación durante el inicio del proceso revolucionario, muchos historiadores
consideran que su figura fue injustamente retratada y obedeció a distintos
intereses palaciegos que buscaban desprestigiar a los monarcas en beneficio
propio.
Problemas
en la relación conyugal de la joven pareja
Los
problemas que surgieron desde el principio en la joven pareja no fueron la
falta de aceptación ni de compromiso sino su incapacidad para iniciar una
relación sexual. La emperatriz María Teresa había programado una esmerada
educación para su hija María Antonieta, pero veía con decepción que no
conseguía progresos ni en el aprendizaje del idioma francés ni en las clases de
música que recibía de Christoph W. Gluck. Sus tutores le expusieron que la
archiduquesa era un tanto impaciente y perezosa, incapaz de terminar de leer un
libro, pero que a la vez asimilaba rápidamente la información que se le
suministraba y que sus juicios eran, a menudo, acertados. En el aspecto físico,
María Antonieta era alta y tenía una figura estilizada, con cierto atractivo,
más expresiva que guapa. Luis, en cambio, era un joven reflexivo, tímido y
apático, educado en una estricta moral católica, con tendencia a la
holgazanería, pero con cierta disposición a aprender. Tuvo una infancia
solitaria, ya que fue desplazado por sus padres en favor de su hermano mayor, el duque de Bourgogne, al que preparaban para ser
futuro rey de Francia. Además, se le mantuvo aislado de la corte, lo que le
provocó, en cierta medida, dificultades de adaptación para las relaciones
sociales. Una amante de su padre lo había definido como un "niño gordo
y mal educado". Luis no pasaba de ser un joven que parecía incapaz de
superar la pubertad y sentía poco interés por las mujeres. Su abuelo, el rey
Luis XV, lo describió más tarde como "un hombre diferente a los demás
hombres”. Tenía un físico poco atractivo, voluminoso por el sobrepeso,
miope, risa chillona y torpe en sus movimientos. Un cortesano austríaco
afirmaba que "la naturaleza parece haberle negado todo al delfín".
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El delfín de Francia Luis Augusto
y la archiduquesa de Austria María Antonieta en sendas pinturas de 1769, un año
antes de su enlace matrimonial, cuando contaban con 15 y 14 años de edad
respectivamente. (A la izquierda) Luis Augusto (1769) pintado por
Louis-Michel van Loo, Château de Versailles. (A la derecha) María Antonieta (1769) pintada por Joseph Ducreux, Château de Versailles |
Al
momento de su matrimonio con María Antonieta, el príncipe tenía 15 años y la
archiduquesa 14. Los testigos señalaron que el novio estuvo excesivamente
tembloroso durante toda la ceremonia y que se sonrojó cuando le puso el anillo
a la novia. Durante el banquete que siguió a la boda, el abuelo del novio, el
rey Luis XV, aprovechó para darle algunos consejos para su primera noche de
vida conyugal. Sin embargo, la noche de boda discurrió sin tener contacto
sexual alguno, quedándose el delfín completamente dormido. La archiduquesa
comentó que su esposo “ni siquiera le había dado la mano”. El propio
príncipe escribió en su diario la palabra “Nada”. La duquesa de
Northumberland comentó que al día siguiente “el delfín bostezaba con mucha
frecuencia, a pesar de que todos decían que había dormido muy bien”. Al día
siguiente se levantó temprano para ir a cazar, su afición favorita.
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Boda de Luis Augusto con María
Antonieta, celebrada el día 16 de mayo de 1770. Grabado de la época |
Después
de esta primera noche, Luis volverá a dormir en su propia cámara y su esposa en
una habitación separada. A juicio de los empleados cortesanos de Versalles se
comportaban como un matrimonio de ancianos. El embajador de España, Conde de
Fuentes, informaba a su corte que el matrimonio seguía sin consumarse tras ocho
semanas desde el matrimonio, y que tanto el embajador austriaco, Florimond de
Mercy-Argenteau, como el ministro de Asuntos Exteriores, el duque de Choiseul,
le habían asegurado que esto no se debía a ningún obstáculo físico, sino a una
especie de “frigidez moral” que el tutor privado del delfín estaba
tratando de mitigar. Por otra parte, María Antonieta, recién salida de la
infancia, tampoco estaba en condiciones muy favorables para ayudar a su marido
a pesar de los consejos que recibía de las tías del delfín, que actuaban como
sus tutoras.
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Emperatriz María Teresa I de
Austria. Madre de la delfina María Antonieta con la que mantuvo una fluida
comunicación epistolar. Pintura de Martin van Meytens (1759). Akademie der Bildenden
Künstede (Viena) |
La
joven delfina sabía que su posición en la corte francesa y la estabilidad de la
alianza entre Francia y Austria dependían de que produjera un heredero. La
situación se volvió aún más tensa cuando, dos meses después de la coronación,
la cuñada de Luis, María Teresa, dio a luz a un hijo que sería el heredero al
trono francés si el delfín no tenía descendencia. El rey Luis XV, y también los
nobles de la corte y la ciudadanía, también empezaron a preocuparse por la
falta de un heredero. Su abuelo escribió al príncipe pidiéndole que hiciera
todo lo posible para consumar el matrimonio. María Antonieta, dispuesta a
complacer a su esposo, era rechazada continuamente y mostraba una gran
preocupación por entender cuál era el problema que le impedía mantener relaciones
sexuales, pero ni tan siquiera el interesado parecía comprenderlo exactamente.
Luis, volcado en la gastronomía y a sus interminables partidas de caza,
reafirmó su pasión por ella y se justificó en que hasta que se trasladaran a
Compiègne, una localidad campestre situada a 65 Km del norte de París, no
podrían iniciar su vida íntima, pero tampoco este desplazamiento tuvo
resultados positivos. El delfín continuó "haciendo una pausa para
reflexionar" y pidió aún más tiempo para "vencer su miedo".
Transcurrieron algunos meses y la joven princesa comenzó a preocuparse
seriamente. Lo comentó con su madre, quien solicitó la opinión de Van Swieten,
archimédico de la corte de Viena, el cual contestó con evasivas sin dar
soluciones concretas. Los consejos de la emperatriz se limitaron a recomendar a
su hija “inspirar pasión (…) caricia, mime” para atraer a su marido,
pero éste seguía mostrando poco interés sexual por su esposa.
Consultas
médicas para establecer la causa de la disfunción conyugal
El
príncipe tenía un comportamiento poco libidinoso, en contraposición con el
resto de sus antecesores de la dinastía real francesa que practicaron todo tipo
de excesos sexuales. De hecho, no se conoció que tuviera ninguna amante. Pronto
se extendieron rumores de que el príncipe no podía mantener relaciones sexuales
debido a una anomalía genital, posiblemente una fimosis, y se especulaba sobre
si una simple operación podría eliminar el problema. Dos meses después de su
matrimonio, comenzaron las consultas a diferentes médicos relacionados con la
corte francesa. El 18 de julio de 1770, el rey Luis XV pidió al cirujano real
German Pichault de La Martinière su opinión al respecto. El rey, conocedor de
la posible fimosis de su nieto, le pidió confirmación y la conveniencia de
plantear una intervención quirúrgica. La Martinière, sin embargo, no encontró
defecto alguno que justificara una intervención concluyendo que el delfín tenía
una impotencia sexual. A partir del 21 de marzo de 1771, la pareja empezó a
dormir junta en la misma cama y, a decir del embajador Mercy- Argenteau, el
primer intento fracasó porque la penetración fue incompleta. El ministro de
Asuntos Exteriores, el duque de Aiguillon, sugirió al conde de Marmora que el
delfín no podía cumplir con sus obligaciones conyugales debido a una "falta
de erección". La emperatriz María Teresa, preocupada por los
acontecimientos después de haber pasado veinte meses sin consumar, decidió
consultar el problema a su médico de cabecera en Viena, quien emitió un informe
aconsejando al delfín “baños medicinales seguidos de una operación menor muy
necesaria para eliminar obstáculos que impiden al príncipe consumar su
matrimonio”.
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Germain Pichault de La Martinière.
Cirujano personal del rey Luis XV que fue uno de los primeros facultativos en
examinar al delfín Luis Augusto. Pintura de François-Adrien Latinville (sin
datar). Musée du Service de Santé des Armées (Paris) |
Transcurridos
ya dos años sin que Luis Augusto consiguiera un coito exitoso, Luis XV convocó
el 28 de octubre de 1772 a los dos jóvenes en una reunión privada encargándose
él mismo de examinar los órganos genitales de su nieto. El delfín le manifestó
que había intentado copular con su esposa, pero el intenso dolor que le
producía se lo impedía sin poder precisar si la causa era por una anomalía
física o por algún otro factor. El rey constató que parecía existir una
anormalidad del pene, sin detallar de que tipo, pero que según su criterio no
necesitaba de ninguna operación. Desde entonces corrió entre el pueblo el rumor
de que una malformación congénita en los genitales obligaba al príncipe a
moderar sus impulsos por el intenso dolor que le ocasionaba. La inexistente
vida sexual del matrimonio se convirtió en un asunto público sobre el que se
debatía y chismorreaba tanto en la corte como en la ciudad. Los versos, chistes
y cancioncillas satíricas sobre la presunta fimosis o impotencia sexual del rey
se extendían a lo largo de toda Francia, al modo de: “Todo el mundo se
pregunta por lo bajo: / ¿El Rey puede o no puede? La triste Reina pierde la
esperanza. / Uno dice que no puede empalmarse, / El otro que no puede entrar en
ella, / Que la tiene como una flauta travesera. / El problema no es ese, /
Anuncia gravemente Mamamouchi, / Sino que solo le sale agua clara”.
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Dibujo satírico de Luis XVI y
María Antonieta “Los dos que no hacen uno” (1791). Representa a los
reyes como un monstruo de dos cabezas tirando en direcciones opuestas. Luis XVI
es retratado como un cornudo y Mª Antonieta como una medusa con plumas de
avestruz (en clara referencia a Austria y al lujo). Library of Congress -
Prints and Photographs Division (Washington) |
En
1773, su abuelo lo remitió a su propio médico, Joseph Marie de Lassone, quien
después de examinarlo declaró de manera oficial que no había malformación
alguna en los órganos sexuales del delfín, coincidiendo con La Martinière que
la causa de la disfunción conyugal era una impotencia sexual. Aun así, la
creencia general era que el príncipe tenía el prepucio demasiado estrecho y que
eso restringía la posibilidad del coito. En 1774 fallecía el viejo rey Luis XV,
a consecuencia de la viruela, y Luis y María Antonieta se convertían en los
nuevos reyes de Francia. Llegado este momento, el problema se volvía más
acuciante tras cuatro años de casados y sin tener aún descendencia. El 15 de
enero de 1776 fue examinado por Jacques-Louis Moreau, afamado cirujano del
Hôtel-Dieu de París. Sobre esta visita, la reina María Antonieta comenta a su
madre que Moreau había dicho a su marido más o menos lo mismo que los demás
médicos, es decir, que el problema podía resolverse sin cirugía cuando
normalizara su vida sexual.
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Los reyes de Francia no tuvieron
a su primer hijo hasta después de 8 años de matrimonio. Luis XVI y María
Antonieta (detalle). Pintura de Josef Hauzinger (ca. 1776). Kunsthistorisches
Museum (Viena) |
María
Antonieta, entonces, confesaba a su madre sus preocupaciones porque la
persistencia de la falta de actividad sexual era motivo de creciente burla
popular. También le comentaba que circulaban rumores atribuyéndole amantes de
ambos sexos. No obstante, mucho de lo contado sobre las infidelidades de la
reina parece más leyenda que realidad. Varios panfletos ironizaban sobre la
desenfrenada vida sexual de la reina, suponiendo que mantenía relaciones
lésbicas con sus inseparables amigas Therèse de Saboya, princesa de Lamballe, y
con la duquesa Gabrielle de Polignac. La soberana concentraba así todo el odio
popular primeramente acusada de despotismo y derroche económico para añadir
después la infidelidad, homosexualidad y desenfreno. También se le atribuyeron
amantes de sexo masculino, comenzando por su propio cuñado, el conde d'Artois,
hermano menor de Luis XVI, y que años más tarde, con la Restauración borbónica
reinaría con el nombre de Carlos X. Otros amantes destacados fueron el duque de
Coigny y el conde sueco Hans Axel von Fersen. Todos estos chismorreos que
circulaban por la corte de Versalles eran aprovechados por los hermanos del rey
con el fin de desprestigiarle y apurar sus opciones de sucederle en el trono.
Por otra parte, los partidarios de la república también utilizaron estos
argumentos para debilitar a la monarquía.
Diagnóstico
de posible fimosis y cirugía de posible circuncisión
Cuatro años después de
la boda, los escasos avances a la hora de practicar el sexo motivaron que
finalmente se aconsejara una intervención quirúrgica reparadora, a pesar de lo
cual Luis XVI se negó por temor al dolor o el riesgo de tener una complicación
infecciosa.
El conde de Aranda, que fuera secretario de estado durante el reinado de Carlos
IV de España, y uno de los nobles mejor informados de Europa, en una carta
fechada el 5 de agosto de 1774 comentaba, sobre la posible patología del
monarca francés, que "Algunos dicen que el frenillo es tan corto que el
prepucio no se retrae al entrar, causando mucho dolor a Su Majestad y
obligándole a restringir los impulsos necesarios para completar el acto. Otros
piensan que un prepucio apretado evita que la cabeza del pene quede expuesta,
lo que hace imposible que Su Majestad tenga erecciones completas. Si se trata
del primer supuesto, algo parecido les sucede a muchas personas, causando
problemas cuando se vuelven sexualmente activas en los primeros intentos; pero
como la mayoría de las personas tienen un deseo sexual más fuerte que Su
Majestad, a causa de su temperamento más apasionado, el frenillo se desgarra
por entero o por lo menos de forma suficiente para que pueda ser usado, lo que
poco a poco regulariza el acto por completo. Pero cuando el paciente es tímido,
el cirujano debe hacer una pequeña incisión, eliminando el obstáculo. Si se da
el segundo caso, se debe realizar una operación que a la edad del rey es más
dolorosa y severa, ya que requiere una especie de circuncisión, porque si no se
realiza una incisión del prepucio, el coito será imposible”.
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El conde de Aranda, secretario de
estado de Carlos IV de España, informó detalladamente sobre las posibles causas
de disfunción sexual de Luis XVI de Francia. Pintura de Ramón Bayeu (1769).
Museo de Huesca |
Después
de rechazar la cirugía, los siguientes intentos de consumar la relación
siguieron siendo decepcionantes. En 1777, el hermano de María Antonieta, el
emperador José II de Austria, hizo una visita de seis semanas a los monarcas
franceses hablando con uno y otro para tener conocimiento directo del problema
conyugal de la pareja. Luis XVI aceptó de buena gana la visita e incluso le
solicitó su consejo. Las impresiones que José II extrajo después de la
entrevista las transmitió en una carta remitida a su hermano menor, Pedro
Leopoldo de Austria y gran duque de Toscana, manifestando que el rey de Francia
"no tiene una debilidad del cuerpo o del espíritu; Es simplemente que
aún no ha tenido su momento de “Que se haga la luz”, su técnica aún está en
proceso de formación (...) En su lecho matrimonial, tiene fuertes erecciones,
introduce el miembro, permanece allí durante unos dos minutos sin moverse, se
retira sin eyacular y, mientras sigue erecto, le da las buenas noches. Es
incomprensible. A veces tiene emisiones nocturnas, pero siempre mientras yace
inmóvil. Está satisfecho y dice que lo hace solo por un sentido del deber, pero
que no tiene ningún deseo de hacerlo (…) Mi hermana no tiene el temperamento
para esto y juntos forman una pareja completamente inepta". La
conclusión final del emperador austríaco fue tajante, aconsejando a su cuñado
que debía someterse de inmediato a una intervención quirúrgica, ofreciéndose
incluso él mismo para sostener al paciente. Se volvió a consultar a Lassone y,
aunque el informe oficial del médico real se mantuvo en riguroso secreto, se
puede deducir que la cirugía se llevó a cabo y resultó ser un éxito por sus
buenos resultados, aunque no se sabe exactamente en qué fecha se realizó, qué
tipo de intervención y quién fue el cirujano.
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El emperador José II de Austria,
hermano de María Antonieta, intermedió en la problemática de la disfunción
sexual de los reyes franceses aconsejando una posible circuncisión a Luis XVI. Pintura
de Anton von Maron (1775). Kunsthistoriches Museum (Viena) |
Dos
meses más tarde de la partida de José II, el rey francés confesó a sus tías que
"Me deleito en el placer, y lamento no haber sido consciente de ello durante
tanto tiempo". El embajador austriaco Mercy-d`Argenteau confirmó el
acontecimiento, añadiendo que la fecha elegida para consumar definitivamente el
matrimonio fue el 18 de agosto de 1777, siete años después de su boda, y detallando
que "El rey fue a ver a su esposa justo cuando ella estaba terminando
de bañarse; los esposos estuvieron juntos alrededor de una hora y cuarto; El
rey exigió a la reina el compromiso de que lo que había sucedido entre ellos
permaneciera en secreto. La única excepción iba a ser el médico de cabecera,
Lassone, quien, informado por el rey de todas las circunstancias, no dudó en
afirmar que el matrimonio se había consumado”. El 30 de agosto, la misma
María Antonieta escribía una carta a su madre manifestándole que "He
llegado a la felicidad más fundamental (...) hace más de ocho días que el
matrimonio ha sido plenamente consumado. El acto ha sido repetido ayer de forma
más completa que la primera vez (...) Creo que no estoy embarazada todavía,
pero por lo menos tengo la esperanza de poder estarlo de un momento a otro".
Al año siguiente la reina estaba embarazada, y el 19 de diciembre de 1778 nacía
en Versalles su primera hija, María Teresa, en medio de un ambiente
prerrevolucionario, a la que siguieron tres hijos más.
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El médico personal del rey Luis
XV, Joseph-Marie de Lassone, diagnosticó una posible disfunción eréctil en su
nieto el delfín Luis pero finalmente recomendó una posible circuncisión. Pintura
de Joseph-Siffred Duplessis (sin datar). Musée Calvet (Avignon) |
Se
puede especular sobre el remedio efectuado, pero no hay pruebas oficiales de
que el rey francés se hubiera sometido a una circuncisión o a cualquier otra
operación del prepucio. Sin embargo, es de destacar que Lassone era un médico
que conocía bien el tratamiento quirúrgico de la fimosis; de hecho, había
desarrollado una técnica quirúrgica para esta operación, de la que dio
conocimiento en una reunión de la Royal Medical Society el 12 de
septiembre de 1786. La operación consistía en realizar una intervención mínima
donde solamente se practicaban pequeñas incisiones transversales, quedando el
prepucio intacto y sin deformaciones notables, de manera que pudiese retraerse
con facilidad. No es descartable que el rey se sometiera a esta mínima
intervención, pero como no se dio ninguna explicación oficial, el pueblo
pensaba que María Antonieta podía haber cometido adulterio cuando quedó
embarazada. Posteriormente la pareja solo compartió el lecho en contadas
ocasiones, y se difundía que la reina era vista en compañía de otros hombres.
Causas
del retardo de las relaciones sexuales de Luis XVI
Se
han propuesto varias posibles causas para explicar las dificultades que el
monarca tuvo para mantener relaciones sexuales, unas de tipo psicológico y
otras médicas. Lo que resulta desconcertante es que Luis no mostrara suficiente
preocupación por la disfunción conyugal que padecía, no estando demasiado
interesado en buscar consejo médico ni tampoco tenía en cuenta las burlas y los
comentarios sarcásticos que circulaban por la corte y entre el pueblo llano. La
inmadurez y falta de educación sexual han sido considerados frecuentemente como
factores causales. Luis y María Antonieta se casaron demasiado jóvenes y, como
todos los enlaces reales de la época, fue un matrimonio de conveniencia por
asuntos de estado. Luis vio por primera vez la figura de la que iba a ser su
esposa a través de un retrato realizado por Joseph Ducreux encargado poco antes
de las nupcias. Durante su primer encuentro, justo antes de su boda, el
príncipe parecía avergonzado y, incapaz de decirle nada, solamente se limitó a
darle un tímido beso en la mejilla. Tampoco favorecía que el delfín fuese
educado casi exclusivamente por su gobernador, el duque de La Vauguyon, quien
le había inculcado un profundo sentimiento de desconfianza hacia el Imperio
austríaco, la patria de origen de su esposa. Por otra parte, el rey mostró siempre
desafección hacia las mujeres, al punto de no haber sido constatada ninguna
relación adúltera, comportamiento que no puede ser atribuido a una presunta
fimosis ya que, incluso después de realizarse la intervención quirúrgica,
siguió manteniendo una vida apartada de amantes o favoritas.
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Después del comienzo de las relaciones
sexuales de los monarcas franceses se produce el nacimiento de sus cuatro hijos
a partir de 8 años de matrimonio. María Antonieta con sus hijos (1787).
Pintura de Marie-Louise Vigée-Lebrun. Château de
Versailles |
Se
ha especulado también con la existencia de trastornos médicos, como la diabetes
mellitus, pues Luis perdió bastante peso en los meses sucesivos a su boda, a
pesar de ser consumidor habitual de carne de caza. El historiador Androutsos
plantea la posibilidad de que padeciese un síndrome de retraso puberal por una
distrofia adiposogenital que justificaría la obesidad, lentitud de movimientos,
apatía y tendencia al sueño que manifestaba el rey. Cualquiera de estas dos
enfermedades podría originar una disfunción eréctil, como mantuvieron que tenía
algunos médicos consultados. También se sugirió que podía estar afectado de un
hipogonadismo, que podría explicar la falta de libido que mantuvo durante toda
su vida. Los médicos que le reconocieron no parece que dieran demasiada
importancia a una posible patología del pene. Puede ser que fuera una fimosis
poco marcada o que existiera simplemente una cortedad del frenillo, aunque
ninguna de estas alteraciones sería motivo suficiente para impedir el coito. La
posibilidad de un frenillo corto estaría en consonancia con lo expresado por La
Martinére al considerar que la alteración peneana era una condición “extremadamente
común en los adolescentes” que suele resolverse espontáneamente con el
inicio de las relaciones sexuales. El dolor que decía sentir el rey en sus
intentos de copular podía ser debido a la tirantez provocada por un frenillo
demasiado corto. Otras posibilidades es que sufriera una progresiva esclerosis
del prepucio secundaria a una posible diabetes mellitus, un liquen escleroso o
cualquier otra patología que pudiera dificultar la retracción del prepucio.
Menos probable es que tuviera una malformación más severa como una incurvación
congénita del pene o un hipospadias. Pero en estos supuestos, los médicos que
le examinaron debían haber resaltado claramente la presencia de dichas
alteraciones.
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Los reyes de Francia acabaron
siendo condenados a la guillotina por los revolucionarios franceses. (A la
izquierda) Luis XVI (sin datar) pintado por Robert Lefevre. Musée d´Art
Thomas Henry, Cherbourg-en-Cotentin. (A la derecha) María Antonieta le
dijo a la rosa (1783) pintada por Marie-Louise Vigée-Lebrun, Château de
Versailles |
Se
suele sostener que una posible fimosis fue la causa principal que motivó la
disfunción conyugal del monarca. Esta patología puede dificultar la cópula,
pero lo normal es que no se demore una intervención quirúrgica correctora. ¿Por
qué se retrasó tanto la realización de la circuncisión? El hecho de que el rey
tuviese un carácter retraído, una severa educación religiosa y falta de interés
en las mujeres y el sexo, pudieran haber sido factores condicionantes. Más
posible es que el retraso se debiese al temor a ser sometido a una intervención
quirúrgica. Un argumento nada desdeñable tal como se desarrollaba la cirugía
por aquel entonces, al no estar disponibles la anestesia y antisepsia, siendo
muy frecuentes las complicaciones hemorrágicas e infecciosas. Asimismo, las
opiniones contrarias a la cirugía que expresaron varios médicos causaron cierta
confusión en el monarca sobre la oportunidad de la intervención. Sea como
fuere, no se conoce con exactitud las causas que pudieran justificar este
inexplicable retraso de la intervención. En resumen, el problema conyugal del
rey fue probablemente de origen multifactorial influyendo factores
psicológicos, educacionales y médicos que tuvieron como resultado un retraso
del inicio de las relaciones sexuales hasta siete años después del matrimonio.
Bibliografía
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