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En el siglo XVIII, la gonorrea y la sífilis seguían aunadas
bajo el mismo origen etiológico, y no se avanzó para reconocer su diversidad,
etiológica y terapéutica. Algunos consideraban la gonorrea como una simple
manifestación sintomática dentro del morbo gálico. Sin embargo, sí se produjo
un cambio conceptual, desechándose la teoría de los humores y dando paso a la
etiología yatroquímica que habla del ácido volátil corrosivo o fermento. No
hubo criterio unánime sobre el discutido origen americano o europeo de la
enfermedad. La tesis europea se apoyaba en el paleodiagnóstico de algunas
enfermedades descritas en textos medievales, otros defendían la identidad
específica entre los efectos venéreos y la lepra de los árabes, y los menos en
la tesis americana, según la cual los españoles la trajeron supuestamente de
América, donde era endémica, provocando el contagio a los italianos, durante el
asedio a Nápoles, de éstos a los franceses y así pasó a toda Europa. Por ello
también se llamó mal español, mal italiano o mal francés. Algunos autores dejan
entrever que la lúes fuese provocada por pequeños animalucos vivientes. Lo que si estaba claro era que el contagio
era exclusivamente interhumano.
En cuanto a la terapéutica no se producen notables avances,
se siguen recomendando terapias ya utilizadas desde centurias precedentes, como
el mercurio, guayaco o palo santo y azufre, zarzaparrilla y la raíz de quina
china. El tratamiento principal será a base de mercurio, y la máxima discusión
será elegir el método más conveniente para su administración, con el fin de
conseguir la máxima eficacia terapéutica con el menor número de complicaciones.
Jean Astruc, profesor del Real Colegio de Francia, publicó en 1736 la obra De morbis venereis que se convirtió en
el texto de referencia sobre enfermedades venéreas durante todo el siglo. Este
autor aconsejaba la aplicación de frotaciones mercuriales con el ungüento
napolitano, pero tenía el inconveniente de que duraba largo tiempo, era
engorroso, sucio, y estaba plagado de efectos secundarios como estomatitis,
caída de dientes, diarreas y, en el mejor de los casos, babeo intenso. Por ello
se introducen nuevas formas de administración como tisana de los caribes, agua
de hipocrenne, bálsamo solar, agua astral, chocolat verolique, etc. con mayor o
menor aceptación. John Hunter recomendaba ungüento mercurial para la mujer e
inyecciones mercuriales para el hombre. También realizaba tratamiento local con
cauterización y escisión de los chancros. Además prescribía la aplicación de
fricciones mercuriales especialmente para los niños, mujeres y nodrizas. Se
intentó la vacunación para la sífilis, después del éxito conseguido por Jenner
para la viruela, pero desgraciadamente fracasó.