sábado, 13 de febrero de 2010

Creación de Colegios de Cirugía y Academias de Medicina en España durante el siglo XVIII

En el siglo XVIII va a surgir un movimiento ideológico, conocido como la ilustración, que va a producir profundos cambios en todos los ámbitos de la sociedad. El pensamiento ilustrado tiene como principal objetivo la búsqueda del bienestar y la felicidad del hombre así como el reconocimiento de sus derechos individuales. Los gobernantes ilustrados pondrán en marcha una activa labor legislativa y reguladora, así como el inicio de múltiples proyectos y reformas para la consecución de estos fines. En filosofía domina el empirismo, por el cual se valora el experimento por encima de la razón. Se van a desarrollar políticas mercantilistas para aumentar el nivel de riqueza y la producción de bienes de consumo. Por tanto, se hace imprescindible fomentar el aumento de la población para conseguir la productividad necesaria.
Este cambio ideológico va a ser muy positivo para la medicina, ya que la mejora de la atención sanitaria va a ser un objetivo prioritario del ideal humanista ilustrado. Los cirujanos van a experimentar una gran progresión, por su ejercicio marcadamente práctico, consiguiendo mejorar notablemente su status económico y consideración social en menoscabo de los médicos.
A comienzos de siglo dominan en Europa los principios yatroquímicos, que centran los fenómenos químicos como la base del funcionalismo orgánico, y posteriormente surgen las teorías yatromecánicas que consideran al cuerpo como una máquina que se regula por leyes físicas. El máximo representante de esta última tendencia será Hermann Boerhaave, una de las figuras más influyentes de la medicina del siglo XVIII, creador de una escuela médica que prima la observación y la experimentación por encima de otras consideraciones más teóricas, y que fomenta el aprendizaje de la medicina directamente sobre la cabecera del enfermo. Como reacción a estas corrientes va a surgir el vitalismo, de tendencia más espiritualista y cuyo mayor exponente será Georg Stahl, para los que la enfermedad no es más que el resultado de la lucha entre un principio conservador y otro morbífico.
La cirugía tendrá un gran desarrollo por la introducción de la anatomía topográfica, lo que permitió realizar intervenciones quirúrgicas anatómicamente regladas. A partir de ahora, la cirugía tendrá una fundamentación científica, en donde la experimentación, la anatomía comparada y la patología quirúrgica serán consideradas. El estudio anatomo-patológico, gracias sobre todo a las aportaciones de Giovanni Morgagni, va a contribuir a un mejor conocimiento del proceso morboso, ya que se establece una estrecha relación entre la lesión anatómica y la fenomenología clínica. Se crean en Francia e Inglaterra las primeras academias de cirugía impulsadas por figuras tan relevantes como Jean Louis Petit o Percival Pott, consumando con ello la separación de los cirujanos barberos. Se considera a John Hunter como el cirujano más prominente de este siglo, verdadero impulsor de la cirugía científica y férreo defensor de la experimentación, que estimaba tan importante para el cirujano el conocimiento de la fisiología como de la anatomía.
La importancia que ahora va a tener la cirugía precisará de una renovación profunda en los métodos de enseñanza. La universidad, anclada en el más rancio escolasticismo, no va a ser capaz de responder ante este desafío. De forma alternativa se crean academias y colegios de cirugía, de carácter público o privado, en las que las enseñanzas teóricas irán acompañadas de clases prácticas en los anfiteatros anatómicos y clínicas asociadas a la escuela. Al final, muchas de estas instituciones conseguirán el reconocimiento de la expedición de títulos académicos en iguales condiciones que las universidades. Este proceso acabará, no sin dificultades, con la unificación de los estudios de medicina y cirugía en la facultad reunida.
Una voz crítica de la situación de la medicina en España durante este siglo será la del Padre Benito Feijoo. Este fraile dedicará buena parte de su obra ensayística, el Teatro Critico Universal y las Cartas Eruditas y Curiosas, para hacer un duro ataque a la medicina española, acusando a los médicos de ejercer malas prácticas profesionales, por uso excesivo del recetario y falta de autocrítica en sus actuaciones. Considera obsoleta la enseñanza de la medicina en las universidades por excesivamente teórica y por incluir materias que nada tienen que ver con la ciencia médica. Feijoo, por estos escritos, va a producir un profundo debate en la sociedad española de entonces, sufriendo duros contraataques de médicos y otras personalidades de la cultura y la política, pero a su vez recibiendo también decididas defensas de otros tantos, e incluso de los mismos reyes.
La patología urogenital también será objeto de un amplio desarrollo. Se producen avances en la uretrotomía y la cura del hidrocele. Los progresos son notables para la litotomía, quedando establecido el abordaje suprápubico por los británicos John Douglas y William Cheselden. Por otra parte, desde Francia, Frêre Jacques y Claude Le Cat introducen la técnica de la litotomía perineal lateralizada, menos lesiva que la medial practicada hasta entonces, facilitando su ejecución con el diseño de nuevo instrumental.
En España se distinguen, por sus aportaciones a la patología quirúrgica urogenital, Pedro Virgili, Francisco Canivell, Antonio Gimbernat, José Rives y Luis Montero, todos ellos practicantes expertos de la litotomía con distintas variantes. Cabe destacar también las contribuciones de Martín Martínez al mejor conocimiento de la anatomía y la anatomía patológica del aparato génito-urinario. Al final del siglo, Juan Naval publica el Tratado médico-quirúrgico de las enfermedades de vía de la orina, importante y extensa obra monográfica de contenido exclusivamente urológico, de gran valor divulgativo, donde hace una amplia revisión del estado de conocimiento que hasta entonces se tenía de las enfermedades urogenitales en toda Europa.
Las aportaciones españolas al estudio del mal venéreo son numerosas, pero con pocas innovaciones personales, ya que la mayoría se limitan a divulgar lo establecido por autores extranjeros. No habrá durante el siglo avances notables en el tratamiento. Se siguen aplicando preparados mercuriales, en diversas formas de administración, y se mantiene aún la prescripción de distintos preparados naturales como el guayaco, zarzaparrilla, raíz de quina china y algunos otros de épocas precedentes.


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